El consuelo de Dios



Por Josué I. Hernández
 

2 Corintios 1:3-7

 
Introducción
  • ¿Ha conocido personas que son capaces de consolar a otros a pesar de estar sufriendo?
  • Comúnmente, las personas están devastadas por sus problemas, y no encuentran paz ni consuelo, ni pueden ofrecerlos a los demás.
  • Pablo había aprendido el secreto del verdadero consuelo y nos dio la clave por escrito.
 
Falsas fuentes de consuelo
  • Los vicios.
  • La recreación.
  • La evasión.
  • El suicidio.
  • La queja y el lamento.
 
La verdadera fuente de consuelo
  • Dios es llamado: “Padre de misericordias” (2 Cor. 1:3).
  • Aquí Dios es llamado “padre” en el sentido de “fuente” (cf. Sant. 1:17).
  • Dios también es llamado: “Dios de toda consolación” (2 Cor. 1:13; cf. Rom. 15:5; Is. 40:1; 51:3,12; 66:13).
  • Dios nos consuela cuando más lo necesitamos, “el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones” (2 Cor. 1:4; cf. Heb. 13:5; Sal. 23:4).
 
El medio del verdadero consuelo
  • Nuestro Señor Jesucristo, “Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación” (2 Cor. 1:5).
  • Todas las bendiciones espirituales se encuentran en Jesucristo (Ef. 1:3), y entre ellas se encuentra la consolación (Fil. 2:1).
  • Por medio de su palabra (Jn. 16:33; Rom. 10:17; Fil. 1:25; cf. Rom. 15:4).
  • Por medio de las exhortaciones de otros (cf. 1 Tes. 4:18; 5:11,14).
  • Por medio de la oración (cf. Fil. 4:6,7).
 
El propósito del verdadero consuelo
  • Consolar a otros, “el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación” (2 Cor. 1:4).
  • ¿Ha conocido cristianos que no son capaces de consolar a otros? ¿Por qué será?
  • Ilustración: La manera en que Dios consolaba a Pablo (cf. 2 Cor. 7:4-7; 7:13; Fil. 4:13).
 
Cuando somos consolados:
  • Nos volvemos mejores adoradores, “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación” (2 Cor. 1:3).
  • Estamos capacitados para consolar también a otros.