El bautismo en el Espíritu Santo



Por Josué I. Hernández
 

Introducción
  • Pocas enseñanzas han producido tanta confusión como “el bautismo en el Espíritu Santo”.
  • Algunos lo presentan como una experiencia que todo cristiano debe buscar; otros lo identifican con determinadas manifestaciones milagrosas.
  • Queremos responder una sola pregunta: ¿Qué enseña la Biblia sobre el bautismo en el Espíritu Santo?
 
La Biblia nunca habla de: “bautismo del Espíritu Santo”.
  • “él os bautizará en Espíritu Santo” (Mat. 3:11; Luc. 3:16)
  • “él os bautizará con Espíritu Santo” (Mar. 1:8).
  • “es el que bautiza con el Espíritu Santo” (Jn. 1:33).
  • “vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo” (Hech. 1:5; 11:16).
  • “ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hech. 2:33).
  • Una posible excepción (1 Cor. 12:13).
 
El bautismo en el Espíritu Santo es una promesa, no un mandamiento
  • “Y sucederá que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones” (Jl. 2:28, LBLA).
  • “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Mat. 3:11,12).
  • “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Luc. 24:49; cf. Hech. 1:1-5).
  • “Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos” (Jn. 20:21-23).
  • “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hech. 1:4,5).
  • “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde estaban sentados, y se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse” (Hech. 2:1-4, LBLA).
  • “Cuando comencé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, tal como lo hizo sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de las palabras del Señor, cuando dijo: Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo” (Hech. 11:15,16).
 
El bautismo en el Espíritu Santo no fue obligatorio en el primer siglo.
  • Nunca se enseñó como una promesa que procurar o mandamiento que obedecer.
  • Sólo dos veces ocurrió (Hech. 11:15,16).
  • Esta es la razón por la cual leemos sobre “un bautismo” (Ef. 4:5).
 
Cuando una persona participa del “un bautismo”:
  • Se beneficia de los efectos del derramamiento del Espíritu en Pentecostés (Hech. 2:38,39).
  • Experimenta el lavamiento regenerativo y la renovación por el Espíritu (Tito 3:5,6).
  • Nace de nuevo, de agua y del Espíritu (Jn. 3:3,5).
  • Es bautizado en un cuerpo y bebe de un mismo Espíritu (1 Cor. 12:13; Jn. 7:37-39).
 
Conclusión
  • El bautismo fue una promesa; Cristo fue quien la hizo efectiva; y tuvo un cumplimiento histórico.
  • No debemos ir en pos de experiencias que la Biblia nunca nos mandó buscar.
  • Necesitamos obedecer el evangelio de Cristo para recibir las bendiciones prometidas por el Espíritu Santo.