Por Josué I. Hernández
- El mundo no comprende lo que es el amor (Hollywood, publicidad, música, etc.).
- Podremos comprender el amor si tenemos hambre y sed de justicia (Mat. 5:6; cf. Jn. 7:17).
- Fileo: Amor
de amigos, afecto entrañable.
- Filanthropia: Amor por el hombre; trato bondadoso (Hech. 27:3; 28:2; Tito 3:4).
- Filadelfia: Amor de hermanos, afecto fraternal (cf. Rom. 12:10; 1 Tes. 4:9; Heb. 13:1; 1 Ped. 1:2; 2 Ped. 1:7).
- Filoxenia: Amor a los extranjeros; hospitalidad (Rom. 12:13; Heb. 13:2).
- Storge:
Amor de parentesco, especialmente de los padres a los hijos y de los hijos a
los padres. “sin afecto natural” (“astorgos”, Rom. 1:31; 2 Ti. 3:3).
- Eros: Amor
erótico, aprobado en el matrimonio.
- Agape: Buena
voluntad activa (cf. Mat. 5:44; Rom. 12:9).
- Agape “no es un impulso que provenga de los sentimientos, no siempre concuerda con la general inclinación de los sentimientos, ni se derrama solo sobre aquellos con los que se descubre una cierta afinidad” (W. E. Vine).
- Así como Dios nos amó (cf. Jn. 3:16; Ef. 2:4,5).
- Nos deja un ejemplo (cf. Ef. 5:1; 1 Juan 4:7-21).
- Exige que amemos (cf. Mar. 12:31; Rom. 13:8-10).
- Procurando el
mayor bienestar, el amor puede expresarse de manera desagradable (cf. Apoc.
3:19; Heb. 12:5-11; cf. Prov. 19:18; 23:13-16).
- Consumiéndose por la división (cf. 1 Cor. 1:10,11; 12:25).
- Sus pleitos llegaron a los tribunales (1 Cor. 6:1-8).
- Eran “carnales” en su trato los unos con los otros (1 Cor. 3:3).
- Ejercían los
dones del Espíritu egoístamente (1 Cor. 12-14).
- Necesitaban aprender el amor (1 Cor. 13:4-8).
- El amor es el “camino más excelente” (1 Cor. 12:31).
- La personificación, o prosopopeya, es la atribución de cualidades personales a las cosas abstractas o inanimadas.
- Los corintios podrían contemplar al amor personificado, y entender cuál es la conducta del cristiano motivado por el amor.
- Las cualidades del amor enfocan directamente la relación con el prójimo.
- Un buen ejercicio es sustituir la palabra “amor” con el nombre nuestro y tomar nota del resultado (cf. 2 Cor. 13:5; Ef. 5:15).
¿Cómo es el amor?
- SUFRIDO: De
largo ánimo, paciente, tolerante con los irritantes (cf. Col. 3:12,13).
- BENIGNO: Con
disposición bondadosa, servicial (cf. Ef. 4:32).
- NO TIENE ENVIDIA: No
se disgusta por el bien de otros, ni querría privarles de ese bien (cf. Gal.
5:20).
- NO ES
JACTANCIOSO, NO SE ENVANECE: No es presumido ni vanaglorioso
(cf. 1 Cor. 4:6,7). En lugar de hacerse el importante deja que el Señor le
exalte (cf. Sant. 4:10; 1 Ped. 5:6), estimando a los demás como superiores a él
mismo (Fil. 2:23).
- NO HACE NADA
INDEBIDO: “no se porta indecorosamente” (LBLA); no es grosero,
escandaloso, ni descortés (cf. Fil. 4:5).
- NO BUSCA LO
SUYO: No es egoísta (cf. Fil. 2:4,21), busca el bien del
otro (cf. 1 Cor. 10:24; Rom. 15:2,3).
- NO SE IRRITA: No
sucumbe ante las provocaciones. “La irritación es siempre una señal de derrota.
Cuando perdemos los estribos, lo perdemos todo” (Barclay).
- NO GUARDA
RENCOR: No lleva la cuenta de las ofensas recibidas, archivándolas,
reviviéndolas, llenándose de resentimiento.
- NO SE GOZA DE
LA INJUSTICIA: Le entristece lo mismo que entristece a Dios
(cf. 1 Jn. 5:17). No halla placer en el pecado de nadie (cf. Rom. 1:32).
- SE GOZA DE LA
VERDAD: Está comprometido con la verdad y se alegra cuando
ella prevalece (cf. Jn. 8:32; 17:17).
- TODO LO SUFRE: Soporta
todo insulto, injuria y desilusión, y persiste sin rendirse.
- TODO LO CREE:
Confía. No es motivado por chismes, sospechas, rumores, o dudas.
- TODO LO
ESPERA: No es pesimista respecto al prójimo errado, ni le
trata como “un caso perdido”.
- TODO LO
SOPORTA: No se rinde bajo la pesada carga de los conflictos y
oposiciones, porque sabe que ninguna lágrima será inútil.
- NUNCA DEJA DE
SER: Porque es permanente. Por el contrario, los dones
sobrenaturales cesarían (1 Cor. 13:8-12).
- “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Cor. 13:13).
- Mientras meditamos en las cualidades del amor, no olvidemos que todas se hicieron realidad en la persona de Jesucristo (cf. 2 Cor. 5:14; Ef. 3:19; 5:2; Apoc. 1:5).
