Mujeres que salvaron vidas

 


Por Josué I. Hernández

 
Éxodo 1-4
 

Introducción
  • ¿Por qué estudiar esta historia? Respuesta: Romanos 15:4; 2 Timoteo 3:16,17
  • El libro Éxodo comienza recordándonos cómo Israel llegó a Egipto (Ex. 1:1-5).
  • Los hijos de Israel eran un pueblo numeroso y fuerte (Ex. 1:7), pero fueron esclavizados para que no se multiplicasen (Ex. 1:8-14).
  • Los hijos de Israel gemían y clamaban, y Dios los reconoció (Ex. 2:23-25).
 
Sifra y Fúa
  • Mientras Israel se multiplicaba (Ex. 1:7,12).
  • Sifra y Fúa debían matar a los bebés varones (v.15,16).
  • Sifra y Fúa “temieron a Dios” y no obedecieron a Faraón (cf. Ex. 1:17; Hech. 5:29).
  • Sifra y Fúa fueron bendecidas e Israel continuó creciendo y fortaleciéndose (Ex. 1:18-21).
 
La madre de Moisés
  • Faraón ordenó que los varones hebreos fueran lanzados al Nilo (Ex. 1:22).
  • Jocabed escondió a Moisés lo que más pudo (cf. Ex. 6:20; 2:1,2; Heb. 11:23).
  • Jocabed preparó un cesto de papiro y la ubicó entre los juncos de cierto lugar del Nilo (Ex. 2:3).
  • Jocabed terminó siendo la nodriza de su propio hijo (Ex. 2:7-10).
 
La hermana de Moisés
  • Cuidó de su hermano (Ex. 2:4).
  • Aprovechó la oportunidad (Ex.2:7).
 
La princesa egipcia
  • Se rindió a la curiosidad (Ex. 2:5).
  • Se compadeció de Moisés (v.6).
  • Accedió a la sugerencia de la hermana de Moisés (v.7).
  • Contrató a la madre de Moisés (v.8,9).
  • Adoptó a Moisés (v.10).
 
Séfora
  • Moisés está a punto de morir (Ex. 4:24).
  • La reacción de Séfora salvó la vida de su marido (v.25).
  • Moisés no podría guiar al pueblo de Israel si era desobediente a uno de los mandamientos fundamentales del Señor (cf. Gen. 17:10-14).
  • Para los primeros lectores, este relato enfatizaba la importancia de la circuncisión (Ex. 4:26).
 
Conclusión
  • Mujeres que preservaron la vida, instrumentos para la liberación de Israel, y para la venida de Jesucristo, “nacido de mujer” (Gal. 4:4).
  • Dios tiene planes para la mujer, “La mujer aprenda… se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia” (1 Tim. 2:11,15).