Siendo llamado, obedeció para salir



Por Josué I. Hernández

 
Introducción
  • Póngase en los zapatos de Abraham: Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba (Heb. 11:8).
  • No hubo mapa, ni dirección exacta, ni detalles. Abraham no conocía el futuro, debía confiar en Dios, y lo hizo (cf. Heb. 11:1,6).
 
Abraham oyó y confió
  • Vivía en una ciudad próspera, muy avanzada (cf. Hech. 7:2,3; Gen. 11:31; 12:1,4).
  • No había razón para irse: Gozaba de estabilidad, seguridad.
  • Pero, Abraham confió en aquel que le llamaba (cf. 1 Ped. 2:9).
  • Cuando Dios llama, él espera que confiemos (cf. Heb. 4:2).
 
Abraham obedeció por la fe
  • No sabía a dónde iba (Heb. 11:8).
  • Dios no le presentó un mapa, ni los detalles, ni le explicó sus planes.
  • Abraham recibió una promesa y confió en quien lo sabe todo (Gen. 12:1-3).
  • Cuando Dios llama, él espera que obedezcamos.
 
ILUSTRACIÓN: Un niño en la oscuridad
  • Imagine a un niño pequeño caminando en un lugar oscuro. Si está solo, tiene miedo.
  • Pero, si toma la mano de su padre, puede caminar con tranquilidad, no porque ve el camino, sino porque confía en quien lo guía.
 
ILUSTRACIÓN: El puente en la niebla
  • Imagine que debe cruzar un puente largo en medio de la densa niebla. No puede ver más allá de unos cuantos pasos.
  • Sin embargo, comienza a caminar, y sigue caminando, porque confía en quien ha construido el puente.
 
Abraham dejó lo conocido para alcanzar lo prometido
  • Dejó su cultura, su tierra, su comodidad, y su seguridad (cf. Heb. 11:8,9; Hech. 7:2-4).
  • Cuando Dios llama, él espera que dejemos cosas. Lo que Dios promete siempre es mejor que lo que dejemos atrás (cf. Jos. 24:2,3; 1 Tes. 1:9).
 
Abraham perseveró, aunque el camino era largo
  • La promesa no se cumplió inmediatamente (cf. Gen. 17:17; Rom. 4:18-22).
  • Vivió como un extranjero, pero no dejó de confiar.
  • Su confianza permaneció a pesar del tiempo.
  • Cuando Dios llama, él espera que perseveremos (cf. Heb. 10:39).
 
ILUSTRACIÓN: Caminar sin ver
  • Un guía de montaña llevaba a un grupo de excursionistas por un sendero muy alto. Al comenzar el ascenso el cielo estaba despejado, pero a mitad del camino la niebla cubrió toda la montaña.
  • No veían más allá de un metro. No veían el camino, ni veían al guía, y los excursionistas entraron en pánico.
  • Entonces, uno dijo, “no podemos seguir, no vemos el camino”. Otro añadió: “¿Y si nos perdemos? ¿Y si caemos al precipicio?”.
  • El guía los interrumpió, y les dijo: “Entiendo que no pueden ver el camino, pero yo lo conozco. Si caminan detrás de mí, y ponen los pies donde yo pongo los míos, llegarán con seguridad”.
  • Debían tomar una decisión: 1) confiar en el guía que conocía el camino, o 2) confiar en lo que veían (casi nada).
  • Finalmente, decidieron seguir al guía, despacio, paso a paso, siempre detrás de él.
  • Cuando la niebla se disipó miraron atrás y se dieron cuenta de que habían cruzado las zonas más peligrosas. Si no hubiesen seguido al guía habrían caído.
 
Para pensar:
  • ¿Qué cosas conocidas le costaría dejar si Dios se lo pidiera?
  • Si Dios le pidiera dar unos pasos sin explicarle todo el plan, ¿lo haría?
  • ¿Estamos esperando entenderlo todo primero, o estamos dispuestos a confiar en Dios y entender después?
  • ¿Hay alguna decisión que debe tomar, para la cual ya sabe lo que Dios quiere, pero aún no ha dado el paso?
 
Conclusión
  • Abraham salió de lo conocido a lo desconocido, pero nunca caminaba a lo incierto.
  • La fe no conoce los detalles del camino, pero siempre confía en el guía.
  • “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Sal. 23:4).