Por Josué I. Hernández
- Dios se enoja (cf. Jn. 3:36; Rom. 1:18; Ef. 5:6).
- Podemos contemplar la ira de Dios en la persona de Jesucristo (Jn. 1:18; 2:13-17; cf. Sal. 2:12; Mat. 23:13-36).
- ENOJO (gr. “orge”), la indignación persistente, pero no súbita, y con miras a tomar venganza.
- IRA (gr. “thumos”), el estallido por la indignación, una explosión en palabras y acciones, y que suele apagarse pronto. Lo solemos llamar “desahogarse”.
- Nuestra responsabilidad (Mat. 5:13,16).
- Nuestra vocación (cf. Ef. 4:1,26,27,31; 5:1,2).
- No podemos tomar la justicia en nuestras manos (Rom. 12:17-21; Heb. 10:30,31).
- El enojo pecaminoso nos roba bendiciones (cf. Jn. 4:4,9; Luc. 15:28).
- Imaginen a un joven que rompe su teléfono en un arranque de ira, aunque el problema no era el teléfono.
- El enojo le hizo perder más que un teléfono: perdió control, dinero y paz.
- No son pocos los que rompen cosas, y relaciones, cuando se enojan.
Para pensar:
- ¿Qué sucede cuando me enojo? ¿Construyo o destruyo? ¿Mis palabras sanan o hieren?
- ¿Qué he perdido por el enojo descontrolado?
- ¿Estoy ignorando las consecuencias cuando me enojo?
- ¿Estoy más cerca de Cristo cuando me enojo o el enojo me está destruyendo?
- ¿Mi enojo
procura la justicia o solamente desahogarme?
- “Deja la ira y abandona el furor; no te irrites, sólo harías lo malo” (Sal. 37:8, LBLA).
- “El hombre pronto a la ira obra neciamente, y el hombre de malos designios es aborrecido… El lento para la ira tiene gran prudencia, pero el que es irascible ensalza la necedad” (Prov. 14:17,29, LBLA).
- “El hombre irascible suscita riñas, pero el lento para la ira apacigua contiendas” (Prov. 15:18, LBLA).
- “Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad” (Prov. 16:32, LBLA).
- “El hombre de gran ira llevará el castigo, porque si tú lo rescatas, tendrás que hacerlo de nuevo” (Prov. 19:19, LBLA).
- “Mejor es habitar en tierra desierta que con mujer rencillosa y molesta” (Prov. 21:19, LBLA).
- “No te asocies con el hombre iracundo; ni andes con el hombre violento, no sea que aprendas sus maneras, y tiendas lazo para tu vida” (Prov. 22:24,25, LBLA).
- “Pesada es la piedra y pesada la arena; es más pesada la rabia del necio” (Prov. 27:3, JER).
- “No te apresures en tu espíritu a enojarte, porque el enojo se anida en el seno de los necios” (Ecles. 7:9).
El enojo y la ira en el Nuevo Testamento
- “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Rom. 12:19).
- “Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gal. 5:19-21, LBLA).
- “Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia” (Ef. 4:31, LBLA).
- “Pero ahora desechad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, lenguaje soez de vuestra boca” (Col. 3:8, LBLA).
- ¿Qué tipo de persona demuestro ser cuando me enojo?
- ¿Mi enojo refleja sabiduría o carnalidad?
- ¿Qué relaciones estoy poniendo en riesgo por mi enojo?
- Si Dios evaluara mi manera de enojarme, ¿qué diría?
- Dios se ha revelado a sí mismo como un Dios de ira (cf. Deut. 1:26-46; Sal. 78:49-61; Is. 5:25; 13:5,9), y cuando derrama su ira lo hace perfectamente.
- Dios derramará su ira en el “día de la ira” sobre todo aquel que hace lo malo (Rom. 2:5-9).
- Podemos refugiarnos en Cristo, “quien nos libra de la ira venidera” (1 Tes. 1:10; 2 Tes. 1:5-10).
