Por Josué I. Hernández
- El Nuevo Testamento nos informa que los
primeros cristianos aprendieron a observar al Señor Jesucristo como la máxima
autoridad, y su palabra como la guía absoluta (Mat. 28:18-20).
- Ninguna iglesia tenía el derecho de observar a su manera la doctrina del Señor, y cuando alguna iglesia se extravió de los mandamientos del Señor, fue instruida a retornar a ese patrón (ej. Apoc. 2-3).
- La doctrina del Señor, tal como fue enseñada por los apóstoles y profetas, fue considerada el estándar para todas las iglesias (cf. 1 Cor. 4:17; 14:37).
- Una enseñanza reiterada (Hech. 2:36; Rom. 10:9; Fil. 2:11).
- El término “Señor” significa “Amo”, quien tiene total autoridad sobre sus siervos (“los esclavos”).
- La iglesia primitiva fue fundada sobre el señorío y deidad de Jesucristo (Mat. 16:18; 1 Cor. 3:11; Ef. 2:20).
- La idea popular de buscar alguna autoridad diferente a Jesús (ej. un representante de él), es una idea totalmente contraria a la revelación en el Nuevo Testamento.
- Una enseñanza reiterada (Ef. 1:22,23; Col. 1:18).
- De la cabeza viene la dirección y la guía.
- El cuerpo sigue a la cabeza.
- Su autoridad es absoluta (Mat. 28:18).
- Su autoridad está investida en su palabra (Mat. 28:20; cf. Jn. 12:48; Heb. 1:1,2).
- Revelada por medio de sus apóstoles (1 Cor. 14:37; 1 Tes. 4:2; 2 Ped. 3:2).
- Preservada en el Nuevo Testamento (Ef. 3:4; 2 Tes. 2:15).
- La autorización de Cristo es imprescindible para todo lo que creemos, hablamos y hacemos.
- Si Cristo no lo autoriza no lo debemos creer, ni hablar, ni hacer.
