Por Josué I. Hernández
- Desde pequeños seguimos ejemplos, buscamos modelos a
seguir, y cuando los hallamos, los imitamos.
- ¿Qué clase de ejemplo estamos imitando?
- “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno” (3 Jn. 11).
- El ejemplo de Dios (Mat. 5:43-48; Ef. 5:1,2).
- El ejemplo de Cristo (1 Ped. 2:21; gr. “eikon”, “imagen”; cf. Rom. 8:29; 2
Cor. 3:18; Col. 3:10).
- El ejemplo de Pablo (1 Cor. 10:31-11:1; Fil. 4:9).
- Para los casados: Aquila y Priscila (Rom. 16:3-5).
- Para los perseguidos: Los primeros cristianos (Hech. 8:4; Heb. 10:34).
- Para los afligidos: Los apóstoles (2 Cor. 4:7-9; 6:4-10; 12:10).
- Para los prosperados: Filemón y Gayo (Flm. 1-7; 3 Jn. 5-8).
- Para las mujeres: Dorcas (Hech. 9:36,39).
- Para los jóvenes: Timoteo (Fil. 2:19-22).
- Muchos ejemplos dignos de ser imitados (Heb. 11).
- Demuestran que es posible vivir por fe (Heb. 6:11,12).
- Viven lejos, pero llegan temprano para saludarnos.
- Viven lejos y tienen hijos pequeños, pero superan todo obstáculo, ya sea clima o distancia, para congregarse fielmente con sus pequeños hijos.
- Han trabajado duro y están cansados, pero participan con entusiasmo en la adoración.
- Han recibido la oferta de un contrato lucrativo, pero lo rechazan porque ese trabajo les impediría servir al Señor Jesucristo.
- La madre nunca se sujetó al papá, pero ellas se sujetan a su marido como la iglesia está sujeta a Cristo.
- El padre nunca amó a la mamá, pero ellos aman a su mujer como Cristo amó a la iglesia.
- Están rodeados de jóvenes rebeldes, pero ellos viven en el temor del Señor.
- Tenemos buenos ejemplos en la Biblia, y en aquellos que viven por fe.
- “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno” (3 Jn. 11).
