Por Josué I. Hernández
- La atracción cariñosa o romántica se fundamenta
en los sentimientos, es el deseo de formar un vínculo afectivo, emocional y
profundo por el cariño que se siente, “estar enamorado”.
- La atracción romántica puede ser una bendición o una maldición. Por atracción romántica se pueden tomar las peores decisiones, y por falta de afecto cariñoso puede sucumbir el más fuerte matrimonio.
- STORGE: Afecto natural (cf. Rom. 1:31; 2 Tim. 3:3), el sentimiento entre padres e hijos.
- EROS: La expresión física entre varón y mujer con todos sus impulsos y funciones eróticas y sexuales. Aprobado por Dios en el matrimonio.
- AGAPE: La buena voluntad activa (cf. Rom. 5:8), independiente del sentimiento y siempre buscando el bien del ser amado. El amor sacrificial.
- FILIA: El amor de la amistad y de la afinidad,
de la atracción y el cariño, motivado por la admiración y el aprecio.
- No se produce por la exigencia o la presión: “¡Tienes que amarme!”.
- Requiere admirar y apreciar el atractivo.
- Puede morir y puede renacer.
- Puede avivarse y revitalizarse.
- No es el fundamento del matrimonio (cf. Gen. 2:24; 24:67; Rut 3:9-11; 1 Cor. 7:36-38).
- Es sobrevalorada y pervertida por el mundo del espectáculo (ej. películas, canciones, etc.).
- La mujer debe aprender a estar “encariñada con el propio marido” (Tito 2:4, Robertson).
- El varón debe reconocer esta necesidad de su esposa (Col. 3:19; 1 Ped. 3:7; cf. Gen. 26:8; 29:32,34; Deut. 24:5; Prov. 5:18,19).
- El afecto cariñoso hace olvidar los sacrificios (Gen. 29:18,20).
- Por el cariño, el amor es ciego (cf. 1 Sam. 1:5).
- Ser fascinado por quien no conviene (Jue. 16:4).
- Quedar ciego a la trampa, engaño y consecuencias (Jue. 16:5,9,18,20,21).
- Ser atraído a la apostasía (1 Rey. 11:1-8).
- Quedar insensible en la práctica del pecado (Mat. 19:9; ej. Mar. 6:17,18).
- Vivir un romance pecaminoso (ej. Hech. 24:24; 25:13; Rom. 1:26,27).
- Recapitular.
- La atracción romántica debe ser expresada con temor de Dios: “Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres” (2 Cor. 5:11).
