Los apóstoles como embajadores de Jesucristo



Por Josué I. Hernández

 
Introducción
  • El Señor Jesucristo estableció apóstoles para enviarlos a predicar (cf. Mar. 3:13,14; Hech. 22:21; 26:16-18).
  • La doctrina del Señor, tal como fue enseñada por los apóstoles, fue considerada el estándar para todas las iglesias (cf. Hech. 2:42; 1 Cor. 4:17; 11:23).
 
Embajadores de Cristo
  • La palabra apóstol (gr. “apostolos”) significa “uno enviado” (Vine).
  • Los apóstoles tienen las llaves del reino (cf. Mat. 16:19; 18:18).
  • Los apóstoles son ministros del nuevo pacto (cf. 2 Cor. 3:6; 4:1).
  • Los apóstoles son los embajadores de Cristo (2 Cor. 5:20), incluso, desde la prisión (Ef. 6:19,20).
  • Los apóstoles recibieron “credenciales” para confirmar el evangelio (cf. 1 Cor. 2:1-5; 2 Cor. 12:12).
 
Capacitados y comisionados
  • El Espíritu Santo les reveló toda la verdad (Jn. 16:12-14) y les recordó todas las cosas que dijo Jesús (Jn. 14:25,26).
  • Recibieron la palabra de Dios (Jn. 17:8,14; cf. 1 Cor. 2:6-16; 2 Cor. 4:7).
  • La gran comisión les fue encargada (Mat. 28:19,20; cf. Hech. 20:27; 2 Ped. 1:3).
  • Su doctrina es palabra de Dios, por lo tanto, debe ser aprendida, practicada y enseñada (Hech. 2:42; cf. 1 Cor. 4:17; 14:37; 1 Tes. 2:13).
 
Fundamento de la iglesia
  • Los apóstoles son el fundamento de la iglesia (Hech. 4:11; cf. 1 Cor. 3:11; Ef. 2:19-22; cf. Apoc. 21:9,10,14).
  • Si alguno creerá en Cristo para salvación, esto sucederá por el testimonio de los apóstoles (2 Ped. 1:16-18).  
 
Conclusión
  • Rechazar a los apóstoles es rechazar a Jesús y al Padre, “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió” (Luc. 10:16; cf. 1 Tes. 4:1,2,8).  
  • Recibir a los apóstoles es recibir a Jesús y al Padre, “De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió” (Jn. 13:20).
  • Cuando alguno se aleja de la doctrina apostólica se aleja de la salvación en Cristo (Heb. 2:1-4; cf. 1 Jn. 1:1-4; 4:1,6; 2 Jn. 9-11).