¿Cómo participamos de la mesa del Señor?



Por Josué I. Hernández
 

Introducción
  • Imaginen que alguien encuentra un viejo trozo de tela guardado en una caja, y pareciéndole una tela cualquiera, la usa para limpiar el piso.
  • Mas tarde, descubre que no era un trapo sino una bandera nacional que perteneció a un héroe de la segunda guerra mundial. La tela no cambió, lo que cambió fue lo que representaba.
  • Cuando entendemos el significado de algo, cambia completamente la manera en que lo tratamos.
  • Lo mismo sucede con la cena del Señor. El pan sigue siendo pan, y el fruto de la vid sigue siendo fruto de la vid, pero simbolizan el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo.
  • La pregunta de Pablo no es: “¿Quién es suficientemente digno para participar de la cena del Señor?”
  • La pregunta de Pablo es: “¿Cómo participamos de aquello que representa el mayor sacrificio de la historia?”
 
En Corinto, el problema no era la cena del Señor, sino el corazón
  • Sus reuniones hacían más mal que bien (1 Cor. 11:17).
  • En sus reuniones se observaban “divisiones” (v.18).
  • Unos llegaban primero, y se adelantaban a comer su propia cena (v.21).
  • Los que llegaban después, no tenían cena de la cual participar y quedaban avergonzados (v.21,22).
  • Lo que debía recordar el amor de Cristo lo convirtieron en una muestra de egoísmo.
  • Pablo les recuerda cómo es que Jesús instituyó su cena, “en memoria de mí” (v.23-26).
  • Para pensar: ¿Podríamos estar en el momento correcto, para hacer lo correcto, pero tener la mente desconectada del significado de lo que hacemos?
 
La palabra “indignamente”, ¿qué significa?
  • “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor” (1 Cor. 11:27).
  • INDIGNAMENTE (gr. “anaxios”), la idea es de aquello que se hace inadecuadamente, inapropiadamente, de manera vergonzosa, de forma incompatible con la dignidad de algo, irrespetuosamente, sin el debido honor.
  • Esta palabra es un adverbio, no es un adjetivo.
  • El adjetivo describe a una persona, pero el adverbio describe la manera en que se realiza una acción.  
  • Pablo no escribió: “El que sea indigno”. Él escribió: “el que participe irrespetuosamente”.
  • La amonestación de Pablo no enfoca a una clase de persona, sino a la manera irrespetuosa de comer la cena del Señor.
  • Por lo tanto, la pregunta no es: “¿Soy digno?”; la pregunta es: “¿Estoy participando de la cena del Señor reverentemente?”  
 
La medalla
  • Imagine que alguien recibe una medalla entregada por las máximas autoridades. Pero, en lugar de conservarla con respeto, la usa para abrir botellas.
  • No está despreciando el metal de la medalla, sino lo que representa.
  • Eso hicieron los corintios, no despreciaban el pan y el fruto, sino lo que la cena representa.
 
¿Qué significa participar “indignamente”?
  • “indignamente” es participar sin valorar debidamente aquello que la cena del Señor representa (1 Cor. 11:24,25,27).
  • Pablo lo explica: “sin discernir el cuerpo del Señor” (v.29); “no haciendo distinción del cuerpo del Señor” (VM).   
  • DISCERNIR (gr. “diakrino”), “hacer una distinción” (Vine); “distinguir” (Robertson).
  • La idea es de distinguir, reconocer, considerar, valorar.
  • En Corinto significó participar de una manera que negaba, con la conducta, el mismo evangelio que la cena proclamaba.
  • APLICACIÓN: Participar de la cena del Señor “indignamente” es hacerlo con indiferencia, con ligereza, por rutina, con irreverencia, con un corazón distraído, con una actitud que contradiga el significado de la cena del Señor.
  • PARA PENSAR: ¿Estoy enfocado en recordar a Aquel que pagó el precio de mi redención?
 
La carta
  • Piense en aquella familia que conserva la última carta escrita por un padre antes de morir. El papel no tiene gran valor, y tampoco la tinta. Alguien podría tomar aquel papel y arrugarlo para encender una fogata.
  • El valor no está en el papel, el aprecio por la carta está fundamentado en el amor de aquel que lo escribió.
  • La cena no es el frío monumento de un héroe. El pan y la copa son como una carta que nos recuerda el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo.
 
Examínese cada uno
  • “Mas examínese a sí mismo cada uno, y así coma del pan, y beba de la copa” (1 Cor. 11:28, VM).  
  • Pablo no dijo: “Examine a su hermano”. Él escribió: “Examínese a sí mismo”.
  • No para preguntarme: “¿Soy suficientemente bueno?”
  • Sino para evaluar: “¿Estoy recordando con reverencia el sacrificio de mi Señor Jesucristo?”.
 
Aplicación para los jóvenes
  • Vivimos en una cultura donde todo ocurre muy rápido (ej. videos de segundos, mensajes instantáneos, distracciones constantes).
  • Existe el peligro de participar de la cena del Señor sin pensar debidamente, sin recordar apropiadamente, sin adorar como el Señor lo merece.
 
Aplicación para los mayores
  • Quienes han participado de la cena del Señor por muchos años, y tal vez, décadas.
  • ¿Cuál podría ser el peligro? La familiaridad, la costumbre.
  • Lo conocido puede dejar de sorprendernos, y podríamos volvernos insensibles.
  • Cada celebración debe llevarnos a la cruz de Jesucristo, sin dejar de maravillarnos de que el Hijo de Dios se entregó en sacrificio por nosotros.
 
Conclusión
  • Cuando llegue el momento de participar de la Cena del Señor, no pregunte: “¿Soy digno?”. Pregúntese: “¿Estoy participando de una manera digna, es decir, conforme a la instrucción del Señor Jesucristo?”
  • Ninguno de nosotros se acerca a la mesa del Señor porque sea digno. Nos acercamos porque Cristo es digno.