Cuando el problema soy yo



Por Josué I. Hernández
 

Introducción
  • Si quiero agradar a Dios como la persona que él quiere que yo sea, y si quiero hacer mi parte para que la iglesia local sea como debe ser, debo prestar atención a mis actitudes.
  • Pablo dijo: “Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús” (Fil. 2:5, LBLA).
 
La actitud hace la diferencia
  • Dos jóvenes recibieron el mismo trabajo. Ambos tenían la misma edad, las mismas herramientas y el mismo salario.
  • El primero se quejaba constantemente: del clima, del horario, del trabajo y de las dificultades. El segundo también enfrentaba problemas, pero procuraba aprender, adaptarse y dar lo mejor de sí.
  • Después de algunos años, la diferencia era evidente. No porque uno fuera más inteligente que el otro, sino porque cada uno había desarrollado una actitud diferente frente a la vida.
  • No podemos controlar nuestras circunstancias, pero sí podemos controlar nuestra actitud.
 
¿Qué es la actitud?
  • La actitud es la disposición interior con la que enfrentamos a las personas, las responsabilidades y las circunstancias (ej. Gen. 31:2,5; 1 Sam. 18:9).
  • Es la manera en que decidimos responder a lo que sucede a nuestro alrededor.
  • Dos personas pueden vivir la misma situación y reaccionar de formas completamente distintas debido a su actitud (Prov. 23:7)
  • La actitud no es simplemente una emoción pasajera. Es una orientación del corazón que influye en nuestra conducta (Mar. 7:21-23).
  • IMPORTANTE: Dios no solamente observa lo que hacemos, sino también la disposición con la que lo hacemos (cf. Lev. 19:5; 22:29; Col. 3:23).
 
La mala actitud
  • La mala actitud se fundamenta en la carnalidad (Gal. 5:19-21; cf. 1 Cor. 3:1-3; Sant. 3:13-16; Jn. 8:44).
  • Se enfoca solamente en los problemas.
  • Se queja constantemente.
  • Busca culpables en lugar de soluciones.
  • Es raíz de amargura (cf. Heb. 12:15).
  • ILUSTRACIÓN: Los israelitas no murmuraron porque el desierto fuera difícil; murmuraron porque no confiaban en Dios (cf. Num. 14:1-4; Heb. 3:19; 4:2; 11:1,6).
 
La ventana sucia
  • Imagine una ventana cubierta de barro.
  • La persona que mira a través de ella piensa que todo afuera está sucio y oscuro.
  • Pero, el problema no está en el paisaje, sino en el cristal de la ventana.
  • De manera similar, vemos la realidad tal como nuestra actitud nos permite verla.
 
Para pensar:
  • ¿Cómo reacciono cuando las cosas no salen como quiero?
  • ¿Qué dicen mis palabras acerca de mi actitud?
  • ¿Me conocen más por mis quejas o por mi gratitud?
  • ¿Soy una fuente de ánimo o de desánimo?
  • ¿Ayudo a resolver problemas o a multiplicarlos?
 
La buena actitud
  • Mantiene la confianza en Dios
  • Busca soluciones
  • Aprende de las dificultades
  • Anima a otros
  • ILUSTRACIÓN: Caleb y Josué (Núm. 14:6-9; Heb. 10:39; 11:1,6).
  • ILUSTRACIÓN: El navegante no controla el viento, pero ajusta sus velas.
 
La perfecta actitud de Jesucristo
  • “Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús” (Fil. 2:5, LBLA).
  • “y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8).
  • “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:45).
  • “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Luc. 23:34).
  • “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Jn. 1:18).
  • “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn. 17:3).
  • ILUSTRACIÓN: Los músicos pueden tocar por inercia o con pasión y dedicación. La calidad de la melodía es el resultado de la actitud de los músicos.  
 
¿Cómo desarrollar la actitud de Jesucristo?
  • Paso 1: Crucificar la vieja actitud (Ef. 4:22-24).
  • Paso 2: Renovar la mente (Rom. 12:2).
  • Paso 3: Aprender a confiar en Dios (Heb. 11:1,6).
  • Paso 4: Cultivar gratitud (1 Tes. 5:18).
  • Paso 5: Aceptar la corrección (Jn. 8:31,32).
 
Conclusión
  • Dos personas pueden asistir a la misma iglesia, escuchar los mismos sermones, cantar los mismos himnos y enfrentar las mismas pruebas. Sin embargo, una vive amargada y la otra vive agradecida. Una ve gigantes y la otra ve la gloria de Dios. La diferencia no está en las circunstancias, sino en la actitud.
  • La pregunta esencial no es: “¿Cómo están mis circunstancias?”.
  • La pregunta es: “¿Cómo está mi corazón?”.
  • Que cada uno de nosotros pueda decir: “Señor, ayúdame a tener la actitud de Cristo”.