- No son pocos los que piensan que el Antiguo Testamento quedó “obsoleto” después de la venida de Jesucristo, y leen únicamente el Nuevo Testamento.
- Sin embargo, el apóstol Pablo enseña exactamente lo contrario, cuando afirma: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil” (2 Tim. 3:16).
- Si Dios preservó los 39 libros del Antiguo Testamento hasta nuestros días, ¿no será porque tienen algo que enseñarnos?
- “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te
persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido
las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por
la fe que es en Cristo Jesús” (2 Tim. 3:14,15; cf. 2 Tim. 1:5).
- Pablo está a punto de morir, y en lugar de recomendar nuevas estrategias o métodos, dirige a Timoteo a las sagradas Escrituras.
- Todo el Antiguo Testamento apunta a Cristo (cf. Luc. 24:27; Jn. 5:39).
- ILUSTRACIÓN: Si alguno lee los últimos capítulos de una novela entendería cómo termina, pero se perderá el desarrollo de la historia.
- “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para
enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que
el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3:16,17).
- El propósito de las Escrituras no es simplemente transmitir información religiosa, sino transformar el carácter del creyente (ej. El carácter y atributos de Dios, la gravedad del pecado, la importancia de la obediencia).
- Mientras la cultura enseña que cada cual decide su verdad, toda la Biblia enseña que Dios establece la verdad.
- Asistir a las reuniones de la iglesia es insuficiente, si la palabra de Dios no corrige nuestras decisiones, prioridades y actitudes.
- ILUSTRACIÓN: Un espejo no cambia nuestro rostro, simplemente muestra lo que necesite corregirse. Así actúa la Escritura.
- “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra
enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las
Escrituras, tengamos esperanza” (Rom. 15:4; cf. Rom. 4:23,24).
- Cuando nos encontramos en diversas tribulaciones hallamos ánimo leyendo acerca del trato de Dios con su pueblo: ¿Recuerda ejemplos?
- El Antiguo Testamento nos recuerda que Dios cumple sus promesas, asiste a su pueblo y tiene el control de la historia.
- ILUSTRACIÓN: El marinero que soporta una tormenta porque confía en la luz del faro que lo guía. Las historias bíblicas del Antiguo Testamento son como faros para nuestra fe.
- Pablo usó el Antiguo Testamento para amonestar a los corintios (1 Cor. 10:1-11).
- Aunque todos disfrutaron de inmensos privilegios, la mayoría de ellos no agradó a Dios (ej. idolatría, fornicación, murmuración, desobediencia).
- Las malas decisiones tienen consecuencias. El Antiguo Testamento muestra cientos de ejemplos reales para evitar esos malos caminos.
- Podríamos tener tanta experiencia, y aún así caer si dejamos de depender de Dios. La experiencia no sustituye la obediencia.
- ILUSTRACIÓN: El conductor prudente que reduce la velocidad cuando observa un accidente en la carretera. No necesita experimentar el choque para aprender. Israel es advertencia para la iglesia.
- Leer regularmente el Antiguo Testamento junto con el Nuevo.
- Buscar cómo cada libro señala la obra de Cristo.
- Aprender tanto de los ejemplos positivos como de los negativos.
- Permitir que la palabra de Dios transforme el carácter, no solo el conocimiento.
- Confiar en la fidelidad de Dios recordando cómo actuó con su pueblo.
- ¿Qué idea tenía acerca del Antiguo Testamento antes de esta enseñanza?
- ¿Qué personajes del Antiguo Testamento han fortalecido mi fe y, por qué?
- ¿Estoy aprendiendo de los errores de Israel o repitiéndolos?
- ¿Permito que la Escritura corrija mis decisiones?
- ¿Estoy estudiando toda la Biblia o solamente las partes que más me agradan?
- El Antiguo Testamento no es un libro del pasado; es la base sobre la cual Dios preparó el camino para Cristo.
- Quien descuida el Antiguo Testamento pierde el fundamento sobre el cual Dios edificó el evangelio; quien lo estudia con reverencia descubre más plenamente la gloria de Jesucristo.
