La rutina



Josué I. Hernández
 

Introducción
  • ¿Alguna vez has sentido que todos tus días se parecen demasiado? Levantarse, estudiar, trabajar, comer, dormir, etc., y repetir.
  • La rutina no es necesariamente mala, Dios mismo rutina en la creación (Gen. 1:11,14,18; 8:22).
  • Sin embargo, nuestra rutina puede resultarnos en bendición o maldición. Podemos ser amos de la rutina o siervos de ella.
 
La rutina como bendición
  • El orden es de Dios (1 Cor. 14:33,40).
  • El orden presupone la rutina (Col. 2:5).
  • La rutina protege de la pereza y el desorden (Prov. 6:6-11).
  • Las bendiciones de Dios se hallan en la constancia, no en momentos extraordinarios (cf. Mat. 7:7,8).
  • El crecimiento espiritual exige rutina (ej. Hech. 2:42; Heb. 10:24,25).
  • ILUSTRACIÓN: El agricultor no cosecha por un solo acto de entusiasmo, sino por la rutina de muchos esfuerzos repetidos y constantes actos de fidelidad
  • ILUSTRACIÓN: El músico no domina un instrumento por emoción, sino por la rutina de la práctica.
  • Daniel tenía en su rutina diaria el hábito de orar tres veces al día (Dan. 6:10).
  • Los apóstoles tenían una rutina espiritual (Hech. 6:4).
  • Timoteo debía apegarse a una rutina (1 Tim. 4:12-16).
  • Nuestro Señor Jesucristo experimentó la rutina de enseñar, orar y servir, obedeciendo diariamente al Padre (2 Tim. 2:8).
 
La rutina como maldición
  • Ofrecer culto a Dios solo por rutina (ej. Is. 1:11-15).
  • Fastidiarse en la rutina exigida por Dios (ej. Mal. 1:13).
  • Dormirse en la rutina (cf. 1 Tes. 5:6).
  • Volverse ingrato en la rutina (ej. Num. 11:5,6).
  • Postergar el reino de Dios y su justicia por la rutina (cf. Mat. 6:33).   
 
Subordinando la rutina
  • Descansar un poco de la rutina (Mar. 6:31).
  • Tener un propósito claro en la rutina (Col. 3:23).
  • ILUSTRACIÓN: Un albañil aburrido de la rutina piensa: “Solo estoy pegando ladrillos”. Otro albañil, en la misma rutina, piensa: “Estoy construyendo un edificio majestuoso”.
  • Renovar el entendimiento (Rom. 12:2).
  • Buscar el rostro del Señor en la rutina (cf. 2 Cor. 5:9; Col. 1:10).
 
Conclusión
  • La pregunta no es si tendremos rutina. La pregunta es: ¿para quién vivimos dentro de ella?
  • La vida sabia no es una vida sin rutina, sino una vida donde la rutina tiene un propósito (Ef. 5:15,16).