Por Josué I. Hernández
Mateo 15:11
- Vivimos preocupados por la contaminación. Nos preocupa el agua contaminada, el aire contaminado, los alimentos contaminados, los virus, las bacterias y los químicos. Leemos etiquetas, usamos desinfectantes y buscamos proteger nuestra salud.
- Pero Jesús afirmó que existe una contaminación infinitamente más peligrosa. No proviene del agua, del aire ni de los alimentos; brota del corazón humano.
- Los fariseos estaban convencidos de que la santidad se protegía evitando la contaminación externa. Para ellos el problema estaba en las manos. Jesús respondió que el verdadero problema nunca estuvo en las manos sino en el corazón (Mat. 15:1-9).
La verdadera fuente de impureza no es la comida
- Desde la creación el hombre y los animales parecen haber sido vegetarianos (Gen. 1:29,30).
- Después del diluvio el hombre podía comer carne, pero Dios prohibió consumir la sangre (Gen. 9:3,4; cf. Lev. 17:10-16; Hech. 15:20,29).
- La ley de Moisés impuso restricciones dietéticas a la nación de Israel (cf. Lev. 11:1-47).
- A lo largo de la historia bíblica las normas alimenticias cambiaron según el propósito de Dios en cada etapa (cf. Mar. 7:19; 1 Tim. 4:1-5). Lo que nunca cambió fue esta verdad: La comida jamás tuvo poder para producir pureza moral.
- Podemos cuidar nuestra dieta, nuestra apariencia religiosa y nuestras costumbres, pero nada de eso puede limpiar el corazón.
La verdadera fuente de impureza es el corazón
- El corazón es el centro de la vida interior del hombre: de donde proceden sus pensamientos, deseos, afectos y decisiones (cf. Prov. 4:23).
- Afectado por el pecado, el corazón se pervierte (cf. Rom. 1:22-32; Ef. 4:17-19; 1 Ped. 4:3,4).
- El asesinato comienza mucho antes del arma. El adulterio comienza mucho antes del acto. La mentira comienza mucho antes de abrir la boca. Todo comienza donde nadie más puede verlo.
- Jesús destruyó una confianza religiosa. Los fariseos pensaban: “Si cuido lo externo, estoy limpio”. Pero Jesús afirmó:” Aunque cuides todo lo externo, seguirás contaminado mientras tu corazón permanezca igual”.
- La contaminación del pecado sigue una corriente:
Corazón à Pensamientos à Palabras à Acciones à Vida contaminada (Mat. 15:18-20).
- ILUSTRACIÓN: Si un vaso contiene agua contaminada, no importa cuán limpio esté por fuera; todo lo que salga de él estará contaminado. Así ocurre con el corazón humano.
- Para pensar: ¿Qué sale de nuestra boca cuando somos contrariados? ¿Qué revelan nuestras conversaciones? ¿Qué pensamientos alimentamos? ¿Qué revela nuestra reacción cuando somos heridos?
- ILUSTRACIÓN: Un árbol con raíces enfermas no necesita solamente podar algunas ramas. Necesita sanar desde la raíz.
Conclusión
- Muchos intentos religiosos resultan en manos limpias, pero solo Jesús puede limpiar el corazón (Heb. 9:14; Apoc. 1:5).
- Jesús no vino únicamente a revelar la contaminación del corazón, también vino para limpiar el corazón de todos los que acudan a su sangre (cf. Hech. 22:16; 1 Jn. 1:9).
- El evangelio no comienza limpiando nuestras manos; comienza transformando nuestro corazón.
