Por Josué I. Hernández
- Imaginen vivir en una época en la que todos hablan el mismo idioma. Nunca ha existido un proyecto tan ambicioso. Miles de personas trabajan con un solo propósito. La ciudad crece cada día. La torre parece tocar el cielo. Los ingenieros están convencidos de que será el mayor logro de la humanidad. Si usted hubiera estado allí, probablemente habría pensado: "Nada podrá detener esta civilización".
- En Génesis 11 ocurre algo sorprendente. La historia más prometedora termina convertida en una ruina. ¿Qué salió mal? ¿Fue un error de ingeniería? ¿Fue un desastre natural? Fue algo mucho más profundo: el orgullo del corazón.
- En 1912, el Titanic fue presentado como una obra maestra de la ingeniería humana y muchos llegaron a verlo como prácticamente invencible. La tecnología, el orgullo y la confianza humana parecían haber vencido toda limitación. Sin embargo, en su viaje inaugural terminó en el fondo del océano. No fue el hielo lo que primero hundió al Titanic, fue la arrogancia de creer que era invencible.
- Babel es “El Titanic del Antiguo Testamento”. El problema no fue la arquitectura sino el corazón.
- Los hombres pensaron que podían construir una sociedad segura sin Dios, alcanzar el cielo por sus propios medios y hacerse inmortales mediante su reputación.
- Hoy en día seguimos construyendo torres de poder, de riqueza, académicas, digitales, etc.
- Una clara orden ignorada (Gen. 9:1; 11:1,2).
- Una multitud rebelde: “por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra” (Gen. 11:4).
- Sustituyeron el “hágase tu voluntad” por “hágase nuestra voluntad”.
- Aplicación: Cada vez que conozco la voluntad de Dios y decido hacer la mía, estoy construyendo mi propia Babel.
- “seréis como Dios” (Gen. 3:5).
- “hagámonos un nombre” (Gen. 11:4).
- “Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de
Dios, levantaré mi trono… y seré semejante al Altísimo” (Is. 14:13,14).
- “Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un
dios… y has puesto tu corazón como corazón de Dios” (Ez. 28:2).
- En Babel: “Hagámonos un nombre”; y en Génesis 12:2: “Engrandeceré tu nombre”.
- En Babel el hombre intenta producir su propia gloria. En Abraham Dios concede la honra a quien camina por fe.
- Cristo dijo: “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo
estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le
honrará” (Jn. 12:26).
- Nadie sale del teatro diciendo: “¡Qué reflector tan impresionante!”. Todos hablan de la obra en el escenario.
- Cuando alguien sale hablando del reflector, significa que el reflector hizo mal su trabajo.
- Así debe ser la iglesia: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Jn. 3:30).
- Las redes sociales no producen el orgullo, simplemente le ofrecen una plataforma.
- Lo que en Babel fue el deseo de “hacerse un nombre”, hoy
puede manifestarse en la búsqueda incesante de seguidores, aprobación y
reconocimiento.
- Dios tuvo que descender, una ironía: “Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban” (Gen. 11:5).
- Dios ignora la grandeza de la ciudad o la torre, otra ironía.
- Dios observó la unidad en la rebeldía (Gen. 11:6).
- Dios confundió sus lenguas y los esparció (Gen. 11:7-9; cf. Sal. 127:1).
- El propósito de Dios prevaleció. La historia no la dirige el orgullo humano, la dirige Dios.
- Los dones que Dios concede deben emplearse para exaltar a Cristo y glorificar a Dios, nunca para la promoción personal (1 Ped. 4:10,11; cf. Mat. 5:16; 1Cor. 10:31).
- El propósito de la iglesia nunca debe ser promover su propia reputación, sino proclamar la gloria de Cristo y sostener la verdad del evangelio (cf. 1 Tim. 3:15,16).
Conclusión
- Babel nos enseña que toda torre levantada para nuestra gloria terminará en ruinas.
- Cristo nunca nos llamó a construir un monumento para nuestro nombre. Nos llamó a tomar la cruz.
- El hombre quiso subir al cielo por medio de una torre. Pero Dios fue manifestado en carne para llevarnos al cielo por medio de la cruz.
- Al final de la vida sólo habrá dos clases de constructores: los que edificaron para hacerse un nombre, y los que vivieron para exaltar el nombre que es sobre todo nombre.
- La pregunta no es si estamos construyendo. Todos estamos construyendo. La pregunta es: ¿Quién recibirá la gloria cuando la obra esté terminada?
