Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová



Por Josué I. Hernández
 

Introducción
  • Hay personas que leen Génesis 6 y solo recuerdan el arca, los animales y el diluvio. Sin embargo, antes de que aparezca cualquiera de esos elementos, el Espíritu Santo registra una declaración sorprendente: “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” (Gen. 6:8).
  • La pregunta es inevitable: ¿Por qué precisamente Noé? ¿Fue una elección arbitraria? ¿Fue simplemente porque Dios quiso?
 
¿Qué vio Dios en Noé?
  • Moisés dice que Noé “era” (Gen. 6:9). No dice “llegó a ser”, “fue hecho” o “comenzó a ser”.
  • Noé no apareció espiritualmente de la nada. Génesis ya había mostrado una línea de hombres que invocaban el nombre de Jehová (4:26), ofrecían sacrificios aceptables (4:4) y caminaban con Dios (5:24).
  • Cuando llegamos a Génesis 6:8,9, el lector no encuentra a un hombre transformado repentinamente, sino a uno que se esforzaba por agradar a Dios.
  • Noé era justo (Gen. 6:9).
  • Noé era íntegro (Gen. 6:9).
  • Noé caminaba con Dios (Gen. 6:9; cf. Gen. 5:24).
  • Noé obedecía completamente (Gen. 6:22; 7:5; cf. Heb. 11:7).
  • Noé predicaba justicia (2 Ped. 2:5).
 
El regalo
  • Si alguien me ofrece un regalo de gran valor y yo extiendo las manos para recibirlo, nadie diría que me gané el regalo por haber movido los brazos. Extender las manos no paga el regalo; simplemente permite recibirlo.
  • Así ocurre con la gracia de Dios. La fe obediente no compra la gracia; es la mano que la recibe.
  • La gracia de Dios es un favor inmerecido, pero no es incondicional. La gracia no se alcanza sin extender las manos en un esfuerzo de obediencia.
 
Estamos en una situación similar a la de Noé
  • No por alguna inundación mundial (cf. Gen. 9:8-17).
  • Por la destrucción del mundo (2 Ped. 3:3-13).
  • Pedro dijo, “procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 Ped. 3:14; cf. Gen. 6:8,9).
 
Si queremos hallar gracia como Noé
  • Debemos ser justos (Rom. 5:1,8,9; cf. Rom. 4:6-8; Gal. 3:24-27).
  • Debemos ser íntegros (cf. 1 Jn. 1:7-9; 2 Tim. 3:16,17; 2 Tes. 3:3).
  • Debemos caminar con Dios (cf. Ef. 4:17-20; 5:1,2,8,15).
  • Debemos obedecer todo lo que el Señor ha mandado (cf. Mat. 28:20; Sant. 2:17,24,26).
  • Debemos predicar la justicia (cf. 1 Ped. 1:15,15; 2:9,10).
 
Conclusión
  • Pedro nos recuerda que el Señor espera que todos procedan al arrepentimiento. La puerta de la salvación permanece abierta, pero no permanecerá abierta para siempre (2 Ped. 3:9).
  • La pregunta ya no es por qué Noé halló gracia ante los ojos de Jehová. La pregunta es si nosotros seremos hallados Dios como hombres y mujeres que viven por esa misma gracia mediante una fe obediente (1 Ped. 3:20,21).