¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?



Por Josué I. Hernández
 

Introducción
  • Vivimos en una época donde la independencia es considerada una virtud suprema. Se escucha con frecuencia: “Cada uno vive su vida como mejor le parezca”, “No es asunto mío”, “Que cada uno resuelva sus problemas”.
  • Después de asesinar a Abel, Dios preguntó a Caín: “¿Dónde está Abel tu hermano?”, y en lugar de reconocer su pecado, Caín respondió con descaro: “No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (Gen. 4:9).
  • La ironía es evidente. La respuesta era precisamente sí. Caín debió amar y proteger a su hermano, pero lo aborreció y lo mató.
  • La pregunta de Caín no solo revela la dureza de un corazón culpable; también plantea una pregunta que cada creyente debe responder delante de Dios: “¿Soy realmente un guardián de mis hermanos en Cristo?”.
 
El término “guarda”
  • Esta palabra es clave (Gen. 4:9).
  • El término “guarda” describe a alguien que vela por otro, que lo protege, que está atento a su bienestar.
  • Caín hizo todo lo contrario. En vez de guardar a su hermano, lo eliminó.
 
La palabra “hermano”
  • Aparece dos veces (Gen. 4:9).
  • Dios enfatizaba el vínculo y la responsabilidad que Caín estaba negando.
  • ILUSTRACIÓN: Cuando una parte del cuerpo deja de responder al dolor de otra parte, los médicos saben que existe una enfermedad grave. Un cuerpo sano siente el dolor de cualquiera de sus miembros (1 Cor. 12:26,27).
 
Los hermanos tenemos responsabilidades mutuas
  • Las Escrituras presentan la vida cristiana como una vida compartida. Ningún creyente fue llamado a caminar solo. Dios nos salvó para formar parte de una familia espiritual.
  • Debemos amarnos los unos a los otros (cf. Jn. 13:34,35).
  • Recibirnos los unos a los otros (Rom. 15:7).
  • Edificarnos los unos a los otros (Rom. 14:19).
  • Servirnos los unos a los otros (Gal. 5:13).
  • Sobrellevar los unos las cargas de los otros (Gal. 6:1,2).
  • Perdonarnos los unos a los otros (Ef. 4:32).
  • Someternos los unos a los otros (Ef. 5:21).
  • Exhortarnos los unos a los otros (Heb. 3:12,13).
  • Considerarnos los unos a los otros (Heb. 10:24,25).
  • Hospedarnos los unos a los otros (1 Ped. 4:8-10).
 
Aplicación: Dios nos ha dado el privilegio de cuidar a los hermanos.
  • ¿Conozco las cargas que llevan mis hermanos o solo conozco sus nombres?
  • ¿Hay alguno que esté desanimado y yo lo he ignorado?
  • ¿He visto a hermano cometer errores y no lo he aconsejado?
  • ¿Hay alguien a quien necesito perdonar o pedirle perdón?
  • ¿Mi presencia fortalece la unidad de la iglesia o contribuye a la indiferencia?
  • ¿Quién conoce mejor mi vida espiritual fuera de mi familia?
 
Conclusión
  • Caín dijo: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”. Pero Cristo respondió desde la cruz, no con palabras, sino con hechos.
  • “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Jn. 3:16).