Por Josué I. Hernández
- Aconsejado por su madre, y bendecido por su padre, Jacob huyó a Harán (Gen. 27:41-44; 28:1-5).
- Rebeca pensaba que la estadía de Jacob en Harán sería de “algunos días” (Gen. 27:44,45); sin embargo, aquellos días terminaron convirtiéndose en “veinte años” (Gen. 31:38,41).
- Jacob salió de Canaán huyendo de Esaú, prácticamente sin nada; veinte años después regresó con familia, siervos y abundantes posesiones (Gen. 32:10). Pero el cambio más importante no estaba en lo que Jacob llevaba consigo, sino en lo que Dios había hecho con Jacob mismo.
- Enamorado de Raquel, sirvió a su suegro 7 años por ella (Gen. 29:20).
- Jacob había aprovechado que Isaac no veía; y ahora Jacob no pudo distinguir a la mujer que Labán introdujo en su tienda (Gen. 29:23).
- Ante el engaño de Labán, la reacción de Jacob es significativa: “¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado?” (Gen. 29:25).
- Jacob había puesto el menor por delante del mayor, pero Labán puso la mayor por delante de la menor (Gen. 29:26).
- Tuvo que servir a Labán otros siete años por Raquel (Gen. 29:27,28).
- El engaño de la noche de bodas no sería el último trato injusto que Jacob recibiría de Labán (Gen. 31:38-42).
- Aplicación: Una cosa es conocer intelectualmente que una conducta es mala; otra cosa es sufrir el daño que produce. Jacob conocía el engaño desde el lado del que engaña; ahora lo conocería desde el lado del engañado.
- ILUSTRACIÓN: Imaginen a un hombre que durante años llega tarde a sus compromisos con la sencilla explicación: “Solo fueron quince minutos”. Pero un día necesita urgentemente que alguien llegue a buscarlo y esa persona llega tarde. Entonces comprende el problema desde otra perspectiva.
- Jacob había conseguido muchas cosas mediante iniciativa y astucia, pero pronto descubrió límites que no podía superar.
- Lea deseaba el amor de Jacob (29:31-35) y Raquel deseaba hijos y envidiaba a Lea (30:1).
- Cuando Raquel exigió: “Dame hijos, o si no, me muero”, Jacob respondió: “¿Soy yo acaso Dios…?” (30:1-2).
- La familia se convirtió en un escenario de rivalidad, celos, competencia, favoritismo y frustración, y Jacob no podía manipular el corazón de sus esposas (30:1-24).
- Jacob podía trabajar, negociar y planificar; pero había cosas que sencillamente estaban fuera de su poder.
- Finalmente, “se acordó Dios de Raquel... y le concedió hijos” (30:22).
- ILUSTRACIÓN: El agricultor puede preparar la tierra, sembrar cuidadosamente, quitar la maleza, proteger su plantación, pero no puede hacer que llueva.
- Dios había prometido: “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres” (Gen. 28:15).
- Durante seis años Jacob trabajó por el ganado de Labán (31:41).
- Labán cambió su salario intentando sacar ventaja de él (31:7).
- Pero Jacob reconoce: “Dios ha quitado el ganado de vuestro padre, y me lo ha dado a mí” (31:9).
- Finalmente declara que, de no haber estado Dios con él, Labán lo habría despedido “con las manos vacías” (31:42).
- Dios dijo a Jacob: “Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo estaré contigo” (Gen. 31:3).
- Al principio Jacob huye de Esaú, y ahora, huye de Labán (31:22-24).
- Jacob recibe la noticia de que Esaú viene con “cuatrocientos hombres” y siente “gran temor” (32:6,7).
- Entonces, el hombre que había recurrido a tantas estrategias, ahora suplica a Dios que lo libre (32:9-12).
- En Peniel, con su cadera dislocada, Jacob exclamó: “No te dejaré, si no me bendices” (Gen. 32:26; cf. Os. 12:4).
- Años atrás, cuando Isaac le
preguntó quién era, Jacob respondió: “Yo soy Esaú” (27:18-19). Ahora,
cuando se le pregunta su nombre, responde sencillamente: “Jacob”
(32:27).
- “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Gen. 32:28).
- ¿Cómo es que prevaleció si está malherido, llorando, rogando y aferrándose? Jacob había aprendido en quién y cómo debía buscar las bendiciones.
- Jacob había pasado gran parte de su vida luchando por obtener lo que quería; en Peniel termina herido, aferrándose y rogando por una bendición.
- Aplicación: Podemos pasar años intentando sostener nuestra vida por nuestras propias fuerzas, hasta que llega una circunstancia que nos demuestra que no podemos solos, que necesitamos someternos a Dios.
- Jacob salió de Canaán con su cayado y regresó con dos campamentos (32:10). Había ganado familia, siervos y posesiones. Pero en Peniel recibió algo mucho más importante: una nueva comprensión de su dependencia de Dios.
- Luchó toda la noche, pero bastó un toque para herirlo. Quedó cojo, pero bendecido. Débil, pero aferrado a Dios.
- Jacob había pasado años luchando, negociando y utilizando su astucia para obtener lo que deseaba; pero aquello que verdaderamente necesitaba no podía producirlo por sí mismo. Dios había prometido estar con él, Dios lo había protegido, Dios lo había prosperado y Dios podía bendecirlo.
