Por Josué I. Hernández
Hechos 10:33
- Hay momentos en la vida en los que sabemos que no podemos comportarnos de cualquier manera. Sencillamente, hay circunstancias que, por su importancia, exigen de nosotros una actitud diferente.
- No podríamos actuar de la misma manera en una conversación informal que en una audiencia judicial. Tampoco, prestamos la misma atención a un comentario casual que a las palabras de un médico cuando nos explica algo importante.
- Cuando nos reunimos para estudiar la palabra de Dios, ¿venimos simplemente a ocupar una silla o comprendemos realmente lo que Cornelio comprendió?
- Cuando las sagradas Escrituras son leídas, es Dios, no el hombre, quien habla (cf. Is. 1:2; Sal. 95:7,8).
- Dios habla para que cada uno entienda, aprenda y crezca en el conocimiento de su voluntad (Ef. 3:4; 4:12,15; 5:17).
- Es la forma de Dios “para que todos aprendan, y todos sean exhortados” (1 Cor. 14:31).
- Es el método de Dios “para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hech. 20:32).
- ¿Por qué? “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3:16,17).
- ILUSTRACIÓN: Si recibe una llamada del presidente de la república, y le dicen: “el presidente quiere hablar personalmente con usted”; ¿continuaría haciendo lo que hace? ¿Prestaría atención al mensaje del presidente o estaría distraído?
- Israel se preparó para oír la voz de Dios (Ex. 19:10-15) y el pueblo tembló (Ex. 20:16-20).
- Esdras se esforzó por leer, los levitas se esforzaron por explicar, y el pueblo se esforzó por entender (Neh. 8:1-12).
- Nuestra responsabilidad es aún mayor (Heb. 12:18-24).
- “Mirad que no desechéis al que habla” (Heb. 12:25).
- “Así que, recibiendo nosotros un reino
inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole
con temor y reverencia” (Heb. 12:28).
- ILUSTRACIÓN: En una audiencia judicial los
asistentes no se relajan, permanecen reverentes. La seriedad del momento exige respeto. Cuando abrimos la palabra de Dios,
¿no estamos ante el juez
de toda la tierra?
- Dios es digno de ser reverenciado (cf. Ex. 3:5; Apoc. 4:11).
- Nuestra atención a Dios no es un “propina” (cf. 2 Sam. 24:24; Mar. 12:30).
- ILUSTRACIÓN: Durante una ceremonia de matrimonio, cuando llega el momento de pronunciar los votos, nadie se distrae. Todos saben que los votos son palabras demasiado importantes. Cuando abrimos la palabra de Dios, ha llegado un momento que merece mucho más que una atención superficial.
- Cornelio dijo: “todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado” (Hech. 10:33).
- Esa frase debería describir nuestra actitud cada vez que abrimos la Biblia y cada vez que nos reunimos como iglesia.
- La próxima vez que abramos la Biblia, ¿vendremos solamente a ocupar una silla, o podremos decir como Cornelio: “Estamos aquí delante de Dios, para oír todo lo que Dios ha mandado”?
