El carácter de la esposa cristiana



Por Josué I. Hernández
 

1 Pedro 3:1-6
 

Introducción
  • El rol de la mujer se encuentra en el centro de intensos debates. Mientas algunos la menosprecian, otros promueven una lucha constante entre el hombre y la mujer. Sin embargo, la Biblia presenta un camino diferente.
  • En nuestro pasaje, Pedro se dirige específicamente a las esposas cristianas, pero las virtudes que describe revelan el carácter que Dios aprecia y que toda mujer creyente debe cultivar.
  • Pedro no está escribiendo un tratado sobre el matrimonio, está enseñando cómo el carácter de una esposa piadosa puede convertirse en un poderoso instrumento para conducir a un esposo incrédulo hacia Cristo.
  • Un proverbio afirma: “La mano que mece la cuna rige al mundo”. Una mujer cuyo corazón ha sido transformado por Cristo puede convertirse en una de las mayores influencias para el bien. Pero, ¿cuáles son los pasos y consideraciones para lograrlo?
 
Primer paso: Reconocer el orden establecido por Dios
  • “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos” (1 Ped. 3:1).
  • “Asimismo”, conforme a los casos del contexto (cf. 1 Ped. 2:13,18,21).
  • Pedro no presenta la sumisión como una señal de inferioridad: Cristo se sometió al Padre (1 Ped. 2:21-25).
  • La sumisión bíblica habla del orden, no del valor, y es una manifestación del carácter, no el carácter mismo.
  • ILUSTRACIÓN: En una orquesta todos poseen enorme talento. El violinista no vale menos que el director, ni el pianista es inferior al trompetista. Sin embargo, para que exista armonía se requiere autoridad y dirección.
 
Segundo paso: Reconocer el valor de la sujeción
  • “estad sujetas” (1 Ped. 3:1).
  • La sujeción no es inferioridad, obediencia ciega, aceptar los abusos.
  • No es un mandamiento para el hombre, que sujete a su esposa.
  • Es un mandamiento para la esposa, que se sujete, que voluntariamente se subordine, a la dirección de su marido.
  • La mujer piadosa no se somete a su marido porque su esposo siempre tenga la razón, lo hace porque confía en la sabiduría de Dios. Su obediencia nace de la confianza en el Señor.
 
Tercer paso: Reconocer cuál es el verdadero testimonio
  • “considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (1 Ped. 3:2).
  • CONSIDERANDO: Observar cuidadosamente, examinar repetidas veces. El esposo observa mucho más de lo que escucha. Quizá no abra una Biblia, pero observa: ¿Cómo habla? ¿Cómo responde? ¿Cómo trata a los hijos? ¿Cómo enfrenta las dificultades?
  • CONDUCTA: No es un acto aislado, por ejemplo, cuando se congrega. Es el estilo de vida, cuando cocina, administra, corrige, enfrenta desafíos.
  • CASTA: Describe la pureza, pero no solamente la sexual. Trata también con la honestidad, integridad, sinceridad.
  • RESPETUOSA: Literalmente, “con temor”. No el miedo al marido. El contexto trata del temor hacia Dios. Respeta al marido porque reverencia a Dios.
  • ILUSTRACIÓN: Los mejores perfumes no necesitan ser anunciados, su fragancia llena toda la habitación: “para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra” (1 Ped. 3:1).
  • Pedro no está diciendo: “No evangelice” (cf. Rom. 10:17). Está enseñando cómo la conducta confirma el evangelio (Rom. 1:16).
 
Cuarto paso: Reconocer cuál es la verdadera belleza
  • No son dos clases de atavío, ni dos clases de mujeres. Son dos prioridades.
  • ATAVÍO EXTERNO: Compuesto de peinados, joyas, vestidos. Un resumen para el esmero en la presentación personal (1 Ped. 3:3).
  • ATAVÍO INTERNO: “sino el interno, el del corazón” (1 Ped. 3:4), aquello que nadie puede maquillar, el carácter.
  • INCORRUPTIBLE: No envejece, no se deteriora, no pierde valor. El carácter semejante a Cristo
  • AFABLE: No significa debilidad, sino poder bajo control. Jesús usó esta palabra para describirse a sí mismo (Mat. 11:29).
  • APACIBLE: La tranquilidad interior. No agresiva, altiva, impaciente.
 
Quinto paso: Reconocer el valor que Dios da al carácter
  • “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (1 Ped. 3:5).
  • Aquellas santas mujeres también se adornaban, pero comenzaban por su corazón.
  • Su principal cosmético, “esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos”.
  • Nuestra generación emplea millones de dólares a los cosméticos, cirugía, moda, filtros digitales, redes sociales, etc. Nunca una generación había dedicado tanto tiempo a verse bien. ¿Se habla mucho del carácter?
  • ILUSTRACIÓN: Un reloj puede estar cubierto de oro, pero si el mecanismo interior está dañado jamás funcionará correctamente.
 
Sexto paso: Reconocer el corazón de las santas mujeres
  • “…aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor” (1 Ped. 3:5,6).
  • El participio “estando sujetas”, describe el modo en que aquellas mujeres manifestaban que “esperaban en Dios”.
  • ¿Por qué la esposa debe colocarse bajo el liderazgo de un hombre imperfecto? Porque realmente no está confiando en el hombre, está confiando en Dios.
  • La base de la sujeción no es la confianza en el marido, es la confianza en Dios.
  • La subordinación de Sara no nacía del miedo, resignación o inferioridad, sino de la plena confianza en Dios.
  • Pedro anima a las casadas a continuar haciendo el bien: “de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza” (1 Ped. 3:6).
 
Aplicaciones
  • La belleza más poderosa no es la que atrae miradas, sino la que transforma hogares. No permita que la cultura defina su identidad.
  • El esposo también está bajo autoridad, y debe vivir sabiamente con su esposa, honrarla, y reconocerla como coheredera de la gracia de la vida. Debe seguir el ejemplo de Cristo (Ef. 5:25).
  • La cultura suele medir el valor de una persona por su apariencia, su popularidad y sus posesiones. Pero Dios continúa mirando el corazón (cf. 1 Sam. 16:7; Mat. 5:8). El matrimonio no es para competir por el poder, sino para complementarse. Los roles asignados por Dios dejan a cada uno bajo autoridad.
 
Conclusión
  • El mundo seguirá cambiando sus ideales de feminidad. Cada generación propondrá un nuevo modelo de mujer.
  • El modelo de Dios permanece inalterable desde hace siglos: una mujer cuyo corazón descansa en Dios, cuyo carácter refleja a Cristo y cuya conducta confirma el evangelio. Esa belleza nunca pasa de moda, nunca pierde valor y continúa siendo “de grande estima delante de Dios” (1 Ped. 3:4).