Por Josué I. Hernández
Mateo 16:26
- Imagine que alguien le ofreciera todo lo que este mundo
puede dar: riquezas, propiedades, fama, poder, reconocimiento y éxito. No habría límite para lo que podría
poseer. Pero hay una
condición: Para obtenerlo
todo, tendría que entregar su alma. ¿Aceptaría el trato?
- Jesús plantea una situación todavía más extrema: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mat. 16:26).
- La pregunta adquiere todavía más fuerza cuando observamos dónde y cuándo la pronunció Jesús.
- En un ambiente de idolatría, poder político y afirmaciones humanas de autoridad, Jesús fue reconocido como el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mat. 16:13-16).
- Pedro quería un Cristo sin cruz, pero el camino hacia la gloria pasa por la cruz (Mat. 16:21-23; cf. Fil. 2:5-11).
- Jesús aplicó esa verdad a sus discípulos (Mat. 16:24-26).
- Por lo tanto, el valor del alma no es una afirmación aislada, está enlazada al costo de seguir a Cristo.
- ¿Qué ganarías evitando el costo de seguir a Cristo, si al hacerlo terminaras perdiendo tu alma?
- La palabra “alma” tiene diferentes usos (polisemia) en la Biblia.
- La palabra hebrea (nephesh) y la griega (psychē) pueden referirse, según el contexto, a la persona, la vida, al ser, a la persona interior. Por eso, en determinados pasajes puede hablarse de una persona como “un alma”.
- El Señor Jesús distinguió claramente entre cuerpo y alma (cf. Mat. 10:28).
- Cuando el Señor habla de “perder el alma”, no está hablando simplemente de perder la vida física. Todos perderemos la vida física (cf. Heb. 9:28).
- Jesús está hablando de algo mucho más profundo: la pérdida de aquello que trasciende la muerte del cuerpo (Mat. 16:26).
- La Biblia enseña que la persona continúa existiendo después de la muerte (cf. Luc. 12:20; 16:19-31; 23:43; Fil. 1:23; 2 Cor. 5:6-8; Apoc. 6:9-11).
- ILUSTRACIÓN: Cuando la tienda se deshace para continuar el viaje, la persona no dejó de existir, solamente salió de la tienda (2 Cor. 5:1). La muerte es el momento en que el alma parte (cf. 2 Ped. 1:14,15).
- El Señor estableció una comparación imposible de ignorar (Mat. 16:26).
- Somos la imagen de Dios (Gen. 1:26).
- Nuestro cuerpo se debilita y muere, pero nuestra existencia no termina con la muerte (cf. Ecles. 12:7).
- El precio de nuestra redención demuestra la gravedad de nuestra condición (1 Ped. 1:18,19; cf. Jn. 3:16).
- ILUSTRACIÓN: Encontrar una pintura que parece
insignificante, y que resulta ser una obra de arte de inmenso valor. Su valor
no dependía de la opinión de quienes la menospreciaban, sino de su origen.
- El Señor usó la imagen de una transacción (Mat. 16:26).
- ¿Riquezas (cf. Mat. 6:19,24; 1 Tim. 6:10)?
- ¿Placeres (cf. Gen. 39:9; Heb. 11:25)?
- ¿Doctrina conveniente (cf. Col. 2:8)?
- ¿Comodidad (cf. Mat. 25:24-30; 2 Ped. 1:5-11)?
- ILUSTRACIÓN: Un hombre posee una propiedad que vale millones de dólares. Un día la cambia por un plato de comida que le ofrecieron. El placer de comer dura solo unos minutos, y después comprende lo absurdo de la transacción.
- El “valor del alma” no es una doctrina que contemplar, es en una decisión que determina cómo vivimos (Mat. 16:24,25).
- Seguir a Cristo puede costar muchas cosas de este mundo. Pero ninguna pérdida se compara con perder el alma.
- El mundo ofrece mucho, pero ninguna cosa de este mundo puede pagar nuestra redención.
- Cristo ofrece lo que el mundo no puede dar (cf. Mat. 5:3,10; 11:28-29; 19:29; 26:28).
- ILUSTRACIÓN: Los dos caminos (Mat. 7:13,14).
- Jesús preguntó: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”
- Quizá nunca ganemos el mundo entero, pero podemos perder el alma intentando ganar cosas temporales: cambiar la verdad por comodidad, la santidad por placer, la obediencia por conveniencia.
- El alma tiene un inmenso valor, y debiésemos estar dispuestos a todo sacrificio con tal de no perder nuestra alma.
- No cambiemos lo eterno por lo temporal.
