Por Josué I. Hernández
- Es bueno comenzar con fe, pero se debe terminar con fe.
- Caleb tenía unos 40 años cuando entró en la tierra como espía. Cuarenta y cinco años después, cuando tenía 85, reaparece en la escena de la historia bíblica.
- Lo sorprendente es que los años no habían cambiado su corazón. Caleb todavía recordaba la promesa; todavía confiaba en Dios; todavía estaba dispuesto a luchar.
- Y por eso, a los 85 años, pronunció unas palabras que resumen toda una vida: “Dame, pues, ahora este monte” (Jos. 14:12).
- La historia de Caleb no es simplemente la historia de un hombre que tuvo fe; es la historia de un hombre cuya fe no envejeció.
- Los doce espías vieron la misma tierra, y las mismas ciudades fortificadas; vieron a los hijos de Anac; en fin, vieron los mismos obstáculos (Num. 13:27-31).
- Cuando diez dijeron: “No podremos subir contra aquel pueblo” (Num. 13:31).
- Caleb dijo: “más podremos nosotros que ellos” (13:30).
- Y posteriormente declaró: “con nosotros está Jehová; no los temáis” (Num. 14:9).
- Al principio, eran diez contra dos; luego, el pueblo quiso apedrearlos, pero Caleb permaneció firme (Num. 14:10,24,30).
- Caleb conocía la magnitud del peligroso desafío; pero no permitió que los problemas determinaran sus convicciones.
- Cuando llegan las pruebas, no es el momento de aprender y creer, es el momento de permanecer en la verdad (Jn. 8:31,32).
- La pregunta no debe ser: “¿Qué dice la mayoría?”. La pregunta debe ser: “¿Qué espera Dios de mí?”
- Dios le había prometido que entraría en la tierra. Pero Caleb no recibió inmediatamente aquello que esperaba, y tuvo que esperar aproximadamente 45 años (cf. Num. 14:24,30,34; Jos. 14:7-10).
- Caleb fue fiel, pero tuvo que caminar por el desierto con una generación incrédula (cf. 1 Cor. 10:1-12).
- Caleb fue fiel, pero aun así tuvo que esperar, y cuando finalmente llegó el momento, seguía creyendo: “Jehová me ha hecho vivir, como él dijo” (Jos. 14:10).
- No dijo: “Dios se tardó demasiado”. Caleb dijo: “Dios ha cumplido su palabra”.
- ILUSTRACIÓN: Un agricultor siembra y después espera. Durante días puede mirar el terreno y no ver absolutamente nada. Pero no desentierra la semilla cada mañana para comprobar si está creciendo. Sigue confiando en el proceso (Sant. 5:7-8).
- Cuando Dios nos hace esperar, no debemos abandonar la fe, sino perseverar en ella.
- Ahora llegamos al momento culminante. Caleb tiene 85 años, y dice: “Dame, pues, ahora este monte” (Jos. 14:10-12).
- Podríamos esperar que pidiera el lugar más tranquilo; pero el monte que pidió todavía estaba habitado por los anaceos.
- Caleb no buscó una asignación cómoda; aceptó un desafío. Y esto revela algo acerca de su carácter: Caleb no veía sus años como una razón para dejar de ser útil.
- ILUSTRACIÓN: Hay herramientas que con los años adquieren mayor valor porque han sido utilizadas, probadas y cuidadas. Un cristiano maduro debería ser así. En lugar de cansancio, los años deben producir experiencia, sabiduría y mayor capacidad para servir.
- No debemos dormirnos en los laureles, debemos ser útiles ahora.
- Esta es la verdadera grandeza de Caleb. No tuvo simplemente un día extraordinario de fe. Tuvo una vida marcada por la fidelidad (Jos. 14:8,9,14).
- A los 40 años siguió a Jehová. A los 85 años seguía siguiendo a Jehová.
- ILUSTRACIÓN: En una carrera, los primeros pasos no determinan el resultado. El resultado lo determina llegar a la meta. De la misma manera, en la vida cristiana no basta con poder señalar un buen comienzo, la pregunta que debemos hacernos es: “¿Estoy siguiendo fielmente al Señor como al principio?”
- La vida cristiana no es una carrera de velocidad, es como una maratón.
- Caleb tenía 40 años cuando vio la tierra. Tenía 85 cuando finalmente recibió su heredad.
- Al finalizar su vida, un epitafio fue escrito: “había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel”.
- Este es el desafío para nosotros. Que los años no nos roben la convicción; que la espera no nos robe la perseverancia; que la comodidad no nos robe el deseo de servir; y que algún día, cuando nuestra carrera termine, pueda decirse de nosotros lo mismo que se dijo de Caleb: “Había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel”.
