Las lecciones que Dios enseña en el desierto



Por Josué I. Hernández
 

Deuteronomio 8:2-5
 

Introducción
  • Israel pasó cuarenta años en el desierto. Hubo hambre, cansancio, incertidumbre y pruebas. Pero años después, Moisés les dijo: “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios…” (Deut. 8:2).
  • Debían mirar hacia atrás y reconocer que el desierto fue un medio que Dios usó.
  • No se trataba solamente de llegar a Canaán. Dios estaba formando al pueblo que entraría en Canaán.
  • Así también hoy, no se trata solamente de ir al cielo; Dios está formando al pueblo que entrará al cielo (cf. Heb. 4:9).
 
Dios lleva a su pueblo al desierto
  • “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto” (Deut. 8:2).
  • El énfasis está en quién los condujo a través del desierto.
  • Dios no había perdido el control en el desierto. El desierto no fue una interrupción de su propósito, sino parte del camino por el que estaba guiando a Israel
  • Si somos fieles, el trayecto por el desierto será una experiencia que nos beneficiará (cf. Sant. 1:2-5; 1 Ped. 1:6,7).
 
El desierto revela el corazón
  • “para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos” (Deut. 8:2).
  • El desierto podía mostrar cosas que la comodidad mantenía ocultas (cf. Ex. 15:1-18).
  • Una prueba puede revelar un corazón que necesita ser corregido antes de revelar una circunstancia que necesita ser cambiada.
  • El contenido del corazón queda expuesto en las tribulaciones: La necesidad revela nuestra reacción. La espera revela nuestra paciencia. La incertidumbre revela dónde colocamos nuestra confianza. La abundancia también revela el corazón; por eso el peligro de Israel aumentaría al llegar a Canaán (cf. Deut. 8:11-18).
  • No está mal preguntarnos “cuándo terminará una prueba”; pero no debemos perder la lección mientras esperamos que termine.
  • ¿Qué está revelando esto de mi corazón? ¿Estoy confiando en Dios? ¿Estoy aprendiendo a esperar? ¿Estoy agradecido? ¿Estoy dispuesto a obedecer, aunque no entienda?
 
La verdadera necesidad es aprender a depender de Dios
  • “Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre” (Deut. 8:3).
  • Dios permitió que Israel tuviera hambre y después lo sustentó con maná.
  • El punto no era aprender que Dios podía producir alimento.
  • La lección espiritual era: “no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre” (cf. Mat. 4:4).
  • El maná era una lección de dependencia: Israel debía recibir diariamente el sustento de Dios (cf. Mat. 6:11).
  • No necesitamos tener resuelto el mañana para ser fieles hoy. Podemos recibir con gratitud la provisión que Dios nos da cada día (cf. Mat. 6:32-34).
  • El contentamiento no es conformarse con menos; es avanzar agradecidos, confiando en que Dios sabe qué necesitamos hoy y qué necesitaremos mañana (cf. Fil. 4:11-13).
 
El desierto demuestra el cuidado de Dios
  • “Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años” (Deut. 8:4).
  • Es fácil reconocer el cuidado de Dios en los grandes acontecimientos, sin reconocer las evidencias de su fidelidad cotidiana (cf. Deut. 29:5).
  • Habían experimentado el cuidado y la disciplina de Dios: “Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga” (Deut. 8:5; cf. Heb. 12:5-11).  
  • Podemos reconocer el amor de Dios de una manera más plena: Dios nos ha dado a Jesucristo (cf. Jn. 3:14-16; 6:35).
  • Si en Cristo Dios entregó lo más grande, podemos confiar en que sus caminos, aun cuando no los comprendamos, no carecen de propósito (cf. Rom. 8:28-39).
 
Cuando estoy en el desierto:
  • ¿Qué está revelando mi corazón? No solamente: “¿Cuándo terminará?”
  • ¿Estoy aprendiendo a depender de Dios? No necesito tener resuelto mañana para ser fiel hoy.
  • ¿Estoy reconociendo su cuidado? No debo confundir “dificultad” con “abandono”.
 
Conclusión
  • No es lo mismo decir: “He sufrido en el desierto”; que decir: “Dios ha usado el desierto para enseñarme grandes lecciones”.
  • No sabemos cuánto durará nuestro desierto. Pero sabemos quién nos guía, quién nos sostiene y qué debemos aprender mientras caminamos.
  • Y sabemos algo más: Jesús también estuvo en el desierto. Allí permaneció fiel a la palabra de su Padre y hoy nos llama a seguir sus pasos