Por Josué I. Hernández
Hebreos 12:25
- Vivimos rodeados de voces: Opiniones, cultura, amigos, redes sociales, nuestro propio criterio, etc. Pero hay una voz que no podemos tratar como una opinión más: La voz de Dios.
- Dios ha hablado (cf. Heb. 1:1-2; 12:25).
- No basta con oír que Dios habla; debemos cuidar nuestra reacción.
- Oír sin querer entender (Mat. 13:14-15).
- Oír sin querer obedecer (Luc. 6:46; cf. Sant. 1:22).
- Rechazar al mensajero (Lucas 10:16; cf. Hechos 13:45-46).
- Pretender neutralidad (Mateo 12:30; cf. Jn. 9:20-22).
- Nuestro criterio (cf. Rom. 10:2-3).
- Buscar la gloria de los hombres (Jn. 12:42,43)
- El amor al mundo (2 Tim. 4:10; cf. Sant. 4:4).
- La ilusión del “después” (Hech. 24:25; cf. Sant. 4:13-16).
- Porque Cristo tiene toda autoridad (Mat. 28:18).
- Porque mayor luz implica mayor responsabilidad (Heb. 10:28-29).
- Porque no habrá escape (Heb. 2:1-3).
- Atender a lo que hemos oído (Heb. 2:1).
- Mirar atentamente y hacer los cambios (Sant. 1:23-25).
- Obedecer a Cristo (Luc. 6:46).
- Obedecer a Cristo hoy (2 Cor. 6:2).
- Hay muchas voces que merecen nuestra atención durante unos minutos. Pero solo una merece nuestra total obediencia: “Mirad que no desechéis al que habla”.
- Tal vez, ya sabemos lo que Dios quiere. La pregunta es: ¿Qué haremos con lo que ya hemos oído?
