Deuteronomio 6:4-9
- Los padres suelen anhelar dejar algo significativo para sus hijos: educación, valores, una profesión, una herencia.
- Pero, ¿qué pasaría si pudiéramos dejarles algo mucho más valioso: el amor por Dios?
- Deuteronomio 6 nos muestra cómo se logra. Y siglos después, cuando Jesús fue interrogado por el mandamiento más importante, señaló exactamente este mismo principio (cf. Mar. 12:28-31; conocer a Dios → amar a Dios → vivir para Dios).
- “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deut. 6:4).
- “Oye”: primero hay que oír de manera receptiva, tomando en serio lo que Dios dice y actuando conforme a ello (cf. Deut. 5:1).
- Israel debía conocer quién es Dios y su relación con él: Jehová es nuestro Dios; Jehová uno es (cf. Ex. 6:7; 10:2).
- El amor a Dios no nace por una emoción vaga, sino del conocimiento de quién es el Señor (cf. Jn. 17:3).
- No podemos enseñar a nuestros hijos a amar a un Dios que nosotros mismos no conocemos.
- ILUSTRACIÓN: Un niño puede escuchar durante años que cierto hombre es su padre, pero la relación cambia cuando realmente lo conoce: conversa con él, observa su carácter, recibe su cuidado y aprende a confiar en él. De igual manera, nuestros hijos necesitan conocer a Dios, no solamente saber cosas acerca de Dios.
- Aplicación: ¿Mis hijos pueden observar mi relación con Dios, o solamente hablo de Dios en las reuniones de la iglesia?
- “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón” (Deut. 6:5-6).
- El énfasis está en “todo”: Dios exige nuestra completa devoción.
- El amor a Dios debe preceder a la enseñanza: “Estas palabras... estarán sobre tu corazón; y las repetirás…” (Deut. 6:6,7).
- Antes de enseñar a nuestros hijos a amar a Dios, nosotros debemos amarle (1 Jn. 4:10,19).
- ILUSTRACIÓN: Los hijos aprenden rápidamente qué cosas son verdaderamente importantes para sus padres. Si los padres dicen: “Dios es lo primero”, pero los hijos observan que el dinero, el trabajo, los deportes, o el entretenimiento, reciben más tiempo y entusiasmo, tendrán las mismas prioridades.
- Aplicación: ¿Qué están aprendiendo mis hijos acerca de Dios al observar mi vida?
- “y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas…” (Deut. 6:7).
- “Las repetirás”, implica enseñanza cuidadosa, constante e intencional.
- No se trata solamente de transmitir información bíblica, sino de formar una convicción y una manera de vivir.
- Los padres no pueden delegar esta responsabilidad a la iglesia, al predicador o a los maestros.
- ILUSTRACIÓN: Un agricultor no siembra una semilla una vez y después se olvida de ella. La riega, la cuida y vuelve constantemente sobre ella. Así también se inculcan las verdades de Dios: enseñanza, repetición, ejemplo, más repetición, y paciencia.
- Aplicación: Nuestros hijos necesitan escuchar repetidamente quién es Dios; por qué debemos amarle; qué espera de nosotros; cómo obedecerle; por qué vale la pena vivir para él.
- La meta no es simplemente criar hijos que conozcan la Biblia, sino hijos que amen al Dios de la Biblia.
- La formación espiritual no debía limitarse a un momento religioso: “...en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Deut. 6:7-9).
- “En tu casa” — La enseñanza debe comenzar en el hogar, donde Dios, su voluntad y su palabra serán conocidos y conversados naturalmente.
- “Andando por el camino” — La enseñanza debe acompañar las actividades ordinarias de la vida, cuando se realizan las tareas habituales.
- “Al acostarte” — El día debe terminar el día con Dios en la mente. El momento de descanso debe convertirse en una ocasión para recordar, agradecer, reflexionar y enseñar.
- “Cuando te levantes” — El día debe comenzar con Dios. La idea es que la palabra de Dios debe impregnar todo el ritmo de la vida.
- ILUSTRACIÓN: Las situaciones cotidianas se convierten en oportunidades para hablar de Dios.
- Aplicación: No esperemos solamente el culto familiar o la clase bíblica. La vida entera puede convertirse en una escuela para enseñar a nuestros hijos a amar a Dios.
- El orden que Dios enseña: Primero: “Oye”. Después: “Amarás”. Luego: “Estarán sobre tu corazón”. Finalmente: “Las repetirás a tus hijos”.
- Nuestros hijos necesitan más que padres que les hablen de Dios; necesitan padres que amen a Dios.
- La fe que queremos ver mañana en nuestros hijos debe comenzar hoy en nuestro propio corazón.
