Por Josué I. Hernández
Mateo 18:1-5
- ¿Qué imagen viene a nuestra mente cuando pensamos en alguien “grande”? Un gobernante, alguien poderoso, reconocido, influyente, con autoridad, conocimiento o prestigio.
- Los discípulos tenían una pregunta: “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?”. Jesús hizo algo inesperado. No llamó al más importante; no señaló al que tenía mayor experiencia; ni habló de autoridad o reconocimiento.
- Jesús llamó a un niño.
- “En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?” (Mat. 18:1).
- El problema no estaba en la palabra “mayor”, y Jesús mismo utilizará esa palabra al responderles.
- El problema estaba en la concepción que ellos tenían de la grandeza.
- Pensaban en los criterios habituales de un reino terrenal (posición, honor, autoridad, reconocimiento, prominencia, etc.).
- Querían saber quién estaría por encima de los demás. Pero Jesús tiene una manera diferente de entender la grandeza.
- Jesús no dijo: “No debe haber grandes en el reino”. Jesús les habló de la verdadera grandeza.
- Podemos caer en el mismo error: ¿Quién tiene más autoridad? ¿Quién es más conocido? ¿Quién predica mejor? ¿Quién tiene más responsabilidades? ¿Quién recibe más reconocimiento?
- “Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos” (Mat. 18:2).
- Marcos agrega: “y tomándole en sus brazos” (Mar. 9:36).
- Lucas agrega: “tomó a un niño y lo puso junto a sí” (Luc. 9:47).
- Considere la disposición del niño, su actitud humilde en las manos del Señor.
- Los discípulos estaban discutiendo quién sería el más grande, y Jesús puso delante de ellos a uno que era pequeño.
- Los discípulos estaban pensando en subir, y Jesús les mostró a alguien que estaba dispuesto en sus manos.
- Los discípulos querían saber qué posición ocuparían, y el niño se dispuso a servir al Señor.
- El niño representa lo contrario de la grandeza que estaban buscando: No reclama una posición, no exige reconocimiento, no busca algún “primer lugar”.
- “y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mat. 18:3-4).
- Jesús no comenzó enseñándoles cómo convertirse en los mayores; comenzó enseñándoles que necesitaban abandonar la dirección equivocada.
- La expresión “os volvéis” comunica la idea de volver, girar, cambiar de dirección. Los discípulos estaban orientados por la ambición egoísta.
- Pero ¿qué significa hacerse como niños? “cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (v.4).
- Volvernos “niños” no significa infantilismo espiritual (cf. 1 Cor. 3:1-3; 14:20; Heb. 5:12-14).
- Jesús tomó la misma palabra de la pregunta (“mayor”), y les dio una definición completamente diferente: El mayor es el que se humilla.
- Somos como niños cuando servimos, aunque nadie nos reconozca; cuando aceptamos una corrección, y admitimos la culpa; cuando nos alegramos por el éxito de otro; cuando usamos nuestra capacidad para ayudar y no para presumir; cuando estamos dispuestos a ceder para que otros sean salvos, etc.
- La grandeza comienza con nuestra propia actitud, pero no termina en nosotros mismos.
- Primero: “cualquiera que se humille como este niño, ése
es el mayor en el reino de los cielos” (v.4).
- Segundo: “cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe” (v.5).
- El verbo “recibir” implica recibir o acoger. En este contexto, recibir en el nombre de Cristo significa darle acogida por causa de su relación con Cristo.
- El que aprende a hacerse como niño también aprende a valorar a otros que se han vuelto niños.
- ¿Cómo tratamos al que parece pequeño porque se ha humillado para agradar al Señor?
- En lugar de: “¿Quién es el mayor?”. Preguntemos: “¿Me he vuelto como un niño?”.
- En lugar de: “¿Quién me reconocerá?”. Preguntemos: “¿A quién puedo ayudar?”.
- En lugar de: “¿Qué posición merezco?”. Preguntemos: “¿Estoy dispuesto en las manos del Señor?”.
- Los discípulos preguntaron quién era el mayor, y Jesús no señaló al que tenía mayor conocimiento, mayor autoridad, mayor experiencia, ni mayor reconocimiento.
- Jesús tomó a un niño y lo puso en medio de ellos.
- Jesús les dijo: “cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”. Y luego añadió: “cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe”.
- La verdadera grandeza se demuestra en dos cosas: humillarnos como aquel niño y recibir a quienes son como aquel niño.
