Por Josué I. Hernández
- La tentación no debe ser atribuida a Dios, porque él es bueno (Sant. 1:13,17,18).
- Repasemos cuán bondadoso es Dios
Dios es el “Padre de las luces”
- Pueblos antiguos adoraron al sol, a la luna, y a las estrellas (cf. Deut. 4:19).
- Dios es la fuente de luz física y espiritual (cf. Gen. 1:14-19; 1 Jn. 1:5).
- La luz de Dios es consistente, porque Dios no cambia de ángulo.
- Dios es inmutable, sin importar la hora o el lugar.
- La luz de Dios nos ilumina de manera plena y precisa (Jn. 3:19-21).
Dios “nos hizo nacer”
- Literalmente, el texto griego dice “nos dio a luz”.
- Un contraste entre lo que el hombre da a luz, y lo que Dios da a luz (cf. Sant. 1:15).
- El nuevo nacimiento es un argumento poderoso a favor de la bondad de Dios (cf. 2 Cor. 5:17).
- Esta expresión la encontramos cinco veces en el Nuevo Testamento, siempre como una referencia a la palabra verdadera del evangelio (2 Cor. 6:7; Ef. 1:13; Col. 1:5; 2 Tim. 2:15; Sant. 1:18).
- El Espíritu Santo usa el evangelio para obrar el nuevo nacimiento (Jn. 3:5; 1 Cor. 4:15; 1 Ped. 1:23,25).
Dios nos dio a luz como “primicias”
- Las primicias eran la primera y mejor parte de la cosecha, “Todo lo mejor del aceite, y todo lo mejor del vino y del trigo, las primicias de todas estas cosas que ellos dieren a Jehová, a ti las he dado” (Num. 18:12, VM).
- Dios era digno de este sacrificio especial (Ex. 23:19; Num. 18:12,13; Deut. 26:1-11).
- Las primicias fueron una forma de honrar a Dios con lo primero y lo mejor (cf. Prov. 3:9).
- La reacción a la bondad de Dios es vivir como personas dedicadas completamente a él.
