Por Josué I. Hernández
- Debemos apreciar nuestras pruebas con “sumo gozo” (Sant. 1:2).
- Las pruebas hacen posible un carácter madurado (Sant. 1:4).
- Las pruebas conducen a la vida eterna (Sant. 1:12).
- La “diadema”, la corona real (Apoc. 19:12).
- La corona del vencedor (gr. “stefanos”; Sant. 1:12; cf. 1 Cor. 9:24-27).
- La corona del vencedor se usaba como adorno (cf. Fil. 4:1; 1 Tes. 2:19).
- Dios la ha prometido a los que le aman (Sant. 1:12).
- Corona de victoria sobre el mundo (1 Ped. 5:4).
- Corona de justicia (2 Tim. 4:8).
- Nuestro éxito es posible por la fuerza que el Señor nos da (cf. Ef. 3:16; Fil. 2:13; 4:13; Col. 1:11).
- Miremos más allá de nuestras circunstancias inmediatas, que nos enfoquemos en la meta (cf. Rom. 8:18; 2 Cor. 4:17).
- Digamos junto con Pablo: “prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:14).
