La terquedad de Faraón



Por Josué I. Hernández
 

Introducción
  • Imaginen a un conductor que avanza ligero con su coche, es tarde, y llueve. De pronto, ve un letrero enorme: “Curva peligrosa”. Pero, él dice: “Yo sé lo que hago”, y no presta atención a la advertencia. En segundos, todo cambia.
  • Faraón recibió información clara, y varias señales evidentes. Pero él fue terco, a pesar de las advertencias.
  • La terquedad no es falta de inteligencia, o de información, es rehusar prestar atención y corregirse.
  • A propósito, ¿qué advertencias ya viste, pero sigues ignorando (Heb. 3:7,8)?
 
Empujando en lugar de halar
  • Imaginen a una persona que se esfuerza mucho empujando la puerta de salida, sin hacer caso al letrero “HALE”. Observe cómo entre más empuja, más frustrado se siente.
  • Faraón era poderoso, era un hombre capaz, pero era obstinado.
  • La terquedad es insistir en lo equivocado, no es falta de fuerza, sino de humildad.
 
Dios endureció a un terco (obstinado, testarudo, tozudo, porfiado, contumaz).
  • Dios había dicho a Moisés que endurecería el corazón de Faraón (Ex. 4:21).
  • No fue sino hasta la sexta plaga que Dios comenzó a endurecer el corazón del faraón (cf. Ex. 9:12).
  • En las primeras cinco plagas, y en la séptima, el faraón endureció su propio corazón (Ex. 7:13; 7:22; 8:15; 8:19; 8:32; 9:35).
  • ¿Cómo endureció Dios el corazón de Faraón? ¿Lo endureció negándole su luz y su misericordia? ¿Lo endureció contra su voluntad? ¿O lo endureció porque ya estaba decidido a resistirse?
  • A pesar de la terquedad de Faraón, Dios no fue frustrado (cf. Ex. 7:3-5; 9:13-17; 10:1,2).
 
El conductor terco
  • Imaginen a un hombre que conduce con confianza en una ciudad desconocida. El GPS le dice: “Gire a la derecha”, pero él piensa “yo sé lo que hago”. Luego, ignora otras indicaciones, y termina perdido.
  • Cuando uno es terco rechaza las buenas indicaciones, a pesar de andar en terreno desconocido (cf. Prov. 1:24-33).
 
El paciente porfiado
  • Un buen médico le advierte: “Si no cambia su estilo de vida, su salud empeorará”, pero el enfermo piensa: “no es tan grave”. Entonces, ignorando todas las indicaciones llega a sufrir el avance de la enfermedad.
  • Cuando uno es terco transforma una advertencia en una tragedia (cf. Prov. 6:27,28).
 
Ignorando el peligro
  • Una dueña de casa percibe un intenso olor a humo que proviene de una habitación de su casa. Entonces piensa: “Debe ser algo menor”. No revisa, sino que ignora. En unos minutos el incendio es incontrolable.
  • Cuando uno es terco, rehúsa actuar cuando debería (cf. Prov. 5:12-14).
 
El capitán insensato
  • El capitán de un barco nota que su navío se ha desviado ligeramente, pero decide seguir adelante sin ajustar el rumbo, pensando: “No es para tanto”. Horas después, descubre que está totalmente fuera de la ruta.
  • Cuando uno es terco toma pequeñas decisiones que producen grandes desvíos (cf. Gal. 6:7,8).
 
Dios sigue endureciendo a los tercos
  • En el tiempo de Jesús (ej. Jn. 12:37-41; Jn. 5:39,40; Mat. 23:37).
  • Los paganos (Rom. 1:21-32).
  • La nación de Israel (cf. Rom. 10:16,21; 11:7-10).
  • Hoy en día (2 Tes. 2:10-12).
 
Conclusión
  • Dios endurece los corazones de los que se han determinado a desobedecer.
  • Para no ser endurecidos debemos amar la verdad (2 Tes. 2:10) y nunca complacernos en la injusticia (2 Tes. 2:12).