Por Josué I. Hernández
“Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer
tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón
y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará
Dios” (Ecles. 11:9).
Introducción
- Es una responsabilidad y un privilegio enseñar a nuestros hijos (Ef. 6:4).
- Dios nos ha dado su palabra para criarlos (2 Tim. 3:15-17).
- Ellos enfrentarán tentaciones (1 Cor. 10:13).
- Su fe será probada (1 Ped. 1:6; 4:12).
- Un tipo de casa levantarán (Mat. 7:24-27).
- Necesitan permanecer sobrios y velando (1 Ped. 5:8).
- Actuar por miedo, sin esperanza (cf. Mar. 4:40).
- Dejar de orar por nuestros hijos (cf. 1 Sam. 12:23).
- Rehuir hablar de sexualidad (cf. Deut. 6:6-9).
- Establecer prohibiciones sin razón ni fundamento bíblico: “Eso es malo y punto”.
- Prohibir el funcionamiento natural de su ser, porque se sentirán atraídos, querrán tener una cita y se enamorarán.
- Ocultar información al cónyuge (usualmente, la esposa al marido).
- La atracción ha superado la timidez para concertar la cita.
- Es una manera aceptable para conocer a otra persona.
- Se puede reconocer el potencial del otro.
- Un puente hacia el noviazgo, y del noviazgo al
matrimonio.
- Aunque la dote no es requisito, el principio indica el valor que la doncella tiene (cf. Gen. 29:18).
- Si los hijos se equivocan podrían sufrir de por
vida (cf. Gal. 6:7).
- Previamente se trazan las líneas, y se elabora un plan de acción (el apoyo parental es imprescindible).
- A dónde irán, a qué hora, por cuánto tiempo, etc.
- Dios condena crear oportunidad para el pecado (Rom. 13:13,14).
- Dios condena los malos deseos (Col. 3:5; cf. Mat. 5:27,28).
- Dios condena la fornicación (1 Cor. 6:18; cf. Gal. 5:19-21).
- Los padres piadosos no deben guardar silencio acerca del baile moderno, los besos apasionados, los toques íntimos, el lenguaje sexual, o el sexo fuera del matrimonio.
- Si queremos que nuestros hijos sean puros para la gloria de Dios, y que tengan un matrimonio exitoso, y construyan un hogar sólido, debemos enseñarles.
- Nuestros hijos también necesitan la armadura de Dios (Ef. 6:10-18).
