Por Josué I. Hernández
- Los discípulos dijeron: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos” (Luc. 11:1).
- Debemos observar las enseñanzas, declaraciones y ejemplos de Jesús y sus apóstoles.
- Consideremos algunos ejemplos de oraciones descuidadas.
- “vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis
necesidad, antes que vosotros le pidáis… vuestro Padre celestial sabe que
tenéis necesidad de todas estas cosas” (Mat. 6:8,32).
- Citar textos; pero, ¿necesita Dios saber lo que dice su palabra?
- Citar nombres, circunstancias y condición de personas, por ejemplo, de los enfermos; pero, ¿necesita Dios ser informado?
- “Vosotros, pues, oraréis así…” (Mat. 6:9).
- Tropezar al hablar, dudar, confundirse, por falta de un objetivo claro.
- Expresiones que no vienen al caso.
- Dar vueltas y vueltas, sin dirección.
- Dar gracias por todo, menos por el pan y el fruto de la vid (cf. Mat. 26:26-28).
- “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como
los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos” (Mat. 6:7).
- Reiteraciones innecesarias, frases trilladas; pero, ¿puede Dios ser manipulado emocionalmente?
- Expresiones repetitivas; pero, ¿con tales repeticiones seremos oídos?
- Entender la palabra (Ef. 3:4; 5:17; cf. Mat. 13:10-15; Mar. 7:14,16; Luc. 8:18).
- Obedecer la palabra (Sant. 1:22-25; cf. Mat. 7:21-27).
- Que sean apresurados los pasos de los que vienen en camino.
- Que el hermano recuerde lo que ha estudiado, y que reciba palabras sabias y fáciles de entender.
- Que me vaya bien en el examen, pero no estudiar.
- Que me vaya bien en los negocios, pero ser negligente.
- Dar gracias al Padre por el pan que representa su cuerpo; pero, el Padre no se encarnó (cf. Heb. 2:14; 10:5).
- Dar gracias por el fruto de la vid que representa la sangre del Padre; pero, el Padre no derramó su sangre (cf. Rom. 3:25; Ef. 1:7; Apoc. 1:5).
- Dirigirse al público como si la oración fuera un sermón o un discurso; pero, la oración no va dirigida al auditorio, va dirigida a Dios.
- Dirigirse a un hermano, para amonestarle; pero la oración no tiene ese propósito.
- Los discípulos dijeron: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos” (Luc. 11:1).
- Que aprendamos de Cristo y sus apóstoles la mejor manera de orar según la oportunidad.
