Por Josué I. Hernández
- El mundo nos enseña a protegernos, a
priorizarnos, a evitar sacrificarnos por el bien de otros, pero Jesucristo no
piensa así (cf. Hech. 20:35; Jn. 12:24-26).
- El sacrificio de Jesucristo logró lo que de otra manera no se podría, y queremos detenernos a observar el logro de su muerte por nosotros.
- Imaginen a una persona que entra a una cirugía complicada mientras su familia espera con ansias el buen resultado, y que horas después, alguien dice: “Sí, fue operado”. Pero, eso no es lo importante, porque necesitan saber el resultado.
- Lo importante es: ¿La cirugía fue exitosa? ¿Sobrevivirá? ¿Se eliminó la enfermedad?
- El suceso fue la operación, pero el logro fue la sanidad. El efecto es una nueva oportunidad de vida.
- Imaginen a un joven que trabaja duro durante años, estudia, se sacrifica, y pierde muchos momentos de diversión y ocio.
- Alguien podría decir: “Qué vida tan dura lleva”. Pero, el tiempo pasa y ese joven logra estabilidad, y ayuda a su familia.
- El suceso fue el sacrificio, pero el logro fue el desarrollo personal. El efecto es una vida transformada.
- En un campo de concentración nazi llamado Auschwitz, los prisioneros vivían bajo constante amenaza de muerte.
- Un día, un hombre escapó, y como castigo, los guardias decidieron que diez hombres morirían por la fuga. Uno por uno fueron seleccionados.
- Entre ellos estaba un hombre que, al escuchar su sentencia, rompió en llanto y dijo: “¡Mi esposa! ¡Mis hijos! ¡¿Quién cuidará de ellos?!”
- En ese momento, algo inesperado ocurrió. Un prisionero llamado Maximilian Kolbe dio un paso al frente y dijo: “Yo quiero tomar su lugar”.
- Los guardias, sorprendidos, aceptaron, y Maximilian fue enviado a morir en lugar del otro.
- Alguno podría decir: “Un hombre murió en un campo de concentración”. Pero, eso sería quedarse solo en el evento.
- Lo que realmente ocurrió fue: Un hombre dio su vida voluntariamente, otro hombre fue salvado, y una familia volvió a reunirse.
- Un pueblo bendito en él (Ef. 1:3).
- Un pueblo escogido, predestinado y acepto en él (Ef. 1:4-6; cf. Ef. 2:11-14; 2:19-22).
- Un pueblo indultado (Ef. 1:7; cf. Ef. 2:16; 3:6).
- Un pueblo iluminado (Ef. 1:8-10; cf. Ef. 3:10,11).
- Un pueblo heredero y sellado (Ef. 1:11-14).
- Una ley abolida (Ef. 2:14.15).
- Un evangelio proclamado (Ef. 2:17,18; cf. Rom. 1:1-3; 1:16).
- La muerte de Jesucristo fue una decisión consciente, deliberada, con un objetivo claro: salvarnos (Jn. 10:11).
- ¿Qué significa para mí lo que Cristo logró? ¿Valoro ese sacrificio? ¿Vivo conforme a ese regalo?
