La muerte de Jesucristo, su razón



Por Josué I. Hernández
 

Introducción
  • No basta con saber qué Jesucristo murió. Lo verdaderamente importante es entender por qué murió. Cuando no entendemos la razón, perdemos el significado.
  • La Biblia enseña que Jesucristo murió por nosotros (Rom. 5:8) como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn. 1:29), y que Dios quedó satisfecho con la muerte de su santo Hijo como el sacrificio perfecto (cf. Is. 53:10,11; Rom. 3:25; 2 Cor. 5:14,15).
 
El medicamento sin explicación
  • Imaginen que un médico le da unas pastillas a su paciente, y le dice: “Debes tomarlas todos los días”. Pero, no le dice nada más, y el paciente no entiende la razón del medicamento.
  • Tal vez, el paciente tome la pastilla; tal vez, olvide tomarla algún día, o incluso, deje de tomarla de una vez.
  • Pero, si el médico expone su diagnóstico, explicando la razón del medicamento, todo cambia. Porque la razón da valor a la acción.
 
El rescate planeado
  • Imaginen a un hombre atrapado en un edificio en llamas, y que uno de los rescatistas entra sabiendo que para salvar al otro él podría morir. Y efectivamente muere al salvar al otro.
  • ¿Fue una muerte inútil, o fue una muerte con propósito? La respuesta depende de si entiendes la razón.
 
Dios es:
  • Santo, y no puede comulgar con los pecadores (cf. 1 Ped. 1:15,16; Rom. 1:18; 3:23).
  • Justo, y debe castigar a los pecadores (cf. Rom. 2:5-11; 6:23).
  • Amor, y desea salvar a los pecadores (cf. Jn. 3:16).  
 
La solución es la muerte de Cristo
  • El pecado es un delito grave (1 Jn. 3:4; Rom. 3:23).
  • El pago por el pecado es la muerte (Rom. 6:23). 
  • Dios hizo por el pecador el pago necesario, en la muerte de su Hijo (cf. Rom. 5:8; 2 Cor. 5:14,21; Gal. 1:4; 1 Tim. 2:6).
  • Jesús llevó nuestros pecados y gustó la muerte por todos (Heb. 2:9; 9:28; 1 Ped. 2:24).
  • Dios, en su gracia, entregó a Cristo como la propiciación que nos salva de la ira (Rom. 3:25; 1 Jn. 2:2; 4:10; cf. Lev. 1:4; Gen. 32:20).
 
El padre que tomó el lugar de su hijo
  • Un padre y su pequeño hijo estaban pasando el día cerca de un río. El niño, curioso y lleno de energía, se alejó un poco y en un momento de descuido cayó al agua y la corriente comenzó a arrastrarlo.
  • El padre, sin pensarlo dos veces, se lanzó al río para salvarlo. Logró alcanzar a su hijo, levantarlo por encima del agua y empujarlo hacia la orilla donde otras personas pudieron ayudarlo.
  • El niño vivió, pero el padre no logró salir. Murió en lugar de su hijo.
  • Ese niño creció sabiendo algo muy claro: “Yo vivo porque otro murió por mí”. Y esa verdad lo cambia todo: Cómo vive, cómo decide, cómo actúa, cómo valora la vida, etc.
  • Así fue con Jesucristo. No sólo murió. Murió para que nosotros viviéramos, tomando un lugar que no le correspondía.
 
Conclusión
  • La pregunta no sólo es: “¿Murió Jesucristo?” La pregunta debe ser: “¿Qué voy a hacer con la razón de su muerte?”
  • Cuando entendemos que Cristo murió por nosotros, no podemos seguir viviendo igual (cf. Gal. 2:20).