Por Josué I. Hernández
- Imaginen
a un grupo de personas que entrando a un salón luchan por ocupar la silla más
elegante, se empujan, se jalan el cabello, se hacen zancadillas; mientras
Jesucristo lava los pies de sus discípulos (cf. Jn. 13:3-15).
- Lo que hacemos, ¿nace realmente del amor a Dios o del deseo de ser vistos (Mat. 6:1,2,5,16)?
- El impulso vanaglorioso por el reconocimiento y el poder motiva la rivalidad y la contención (cf. Mar. 9:33-37; 10:13-16; 10:35-45).
- Imaginen al joven que sube una fotografía y luego revisa el teléfono una y otra vez, para observar ¿cuántos “likes” tiene? ¿Quiénes reaccionaron?” ¿Quién no reaccionaron? Entonces, poco a poco, depende más y más de la aprobación de otros.
- La ambición personal funciona igual: El valor personal comienza a medirse por aplausos, atención y reconocimiento.
- Cuando vivimos para ser aprobados por las personas, dejamos de vivir para agradar a Dios (cf. Gal. 1:10).
La ambición personal definida
- La
obsesión con el ego (gr. “eritheia”), traducida: “divisiones” (2 Cor. 12:20), “contiendas”
(Gal. 5:20), “contención” (Fil. 1:16), “contienda” (Fil. 2:3), “contención” (Sant.
3:14-16).
- “denota ambición, buscar uno lo propio, rivalidad” (Vine).
- “un deseo de promocionarse” (Thayer).
- “la ambición que no tiene concepto de servicio y que sólo pretende provecho y poder” (W. Barclay).
- Esta obra de la carne se caracteriza por buscar el propio beneficio, en superar a los demás, en quedar en el primer plano, en un espíritu partidista y faccioso (cf. 1 Cor. 3:1-3; Fil. 1:16).
- Buenos cristianos fueron elogiados (Rom. 16:1-4; Fil. 2:19-23; 2:25-30; 2 Tim. 1:16-18), pero ellos no estaban motivados por la adulación y el reconocimiento.
- Cuando
vamos tras los cumplidos, la preeminencia y el reconocimiento, la ambición
personal desarrollará sus tentáculos.
- Necesitamos una piel gruesa (de cocodrilo) contra la crítica mordaz, y contra la adulación y las lisonjas.
- Amar
como Cristo. La ambición personal no puede
prosperar cuando el ego está enfocado en amar como lo hizo Jesucristo (Ef.
5:1,2).
- Servir
como Cristo. Los deseos egoístas se marchitan cuando
estamos enfocados en servir como lo hizo Jesucristo (Mat. 20:28; cf. Luc. 22:27;
2 Cor. 8:9).
- Andar
como Cristo, “El que dice que permanece en él, debe
andar como él anduvo” (1 Jn. 2:6). Él nos dejó su ejemplo para que
sigamos sus pisadas (1 Ped. 2:21; cf. Col. 2:6).
- El mundo admira al que logra imponerse sobre los demás, pero Dios honra al que aprende a humillarse como Cristo: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Fil. 2:3).
- Si nadie alabara lo que hago, ¿seguiría haciéndolo con el mismo amor y entusiasmo? “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables” (1 Ped. 3:8).
