El conocimiento de Jesucristo


 
Por Josué I. Hernández
 

Introducción
  • ¿De qué trata la vida cristiana? Dicho de otra manera, ¿qué significa ser cristiano?
  • La vida cristiana tiene un objetivo: Conocer a Jesucristo (Fil. 3:9).
 
El caso de Saulo
  • Saulo de Tarso era una estrella en ascenso (Hech. 22:3; 26:4,5; Gal. 1:13,14; Fil. 3:4-6).
  • Pero, todo lo que era “ganancia” lo estimó como “pérdida” por amor a Cristo (Fil. 3:7).
  • Se había encontrado con el “incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor” (Fil. 3:8, LBLA).
 
El mapa y el viaje
  • Imaginen a un joven que pasa horas mirando documentales y fotografías de un país hermoso, para conocer sobre sus ciudades, sus montañas, su cultura y su comida. Y logra saber tanto que puede hablar acerca del lugar. Pero, nunca ha estado allí.
  • Otro, quizá sabe menos datos, pero caminó por esas calles, respiró ese aire y conoció personalmente aquel lugar. Así ocurre con Cristo.
  • Es insuficiente conocer las historias bíblicas, recordar los versículos, y saber las respuestas: Debemos conocer a Cristo.
 
El científico y el niño
  • Consideren al científico que puede estudiar el sol, y saber sobre su naturaleza, su tamaño, su distancia, etc. Luego, observen como un niño sale al amanecer para disfrutar de su calor.
  • No debemos quedarnos con los estudios acerca de Cristo, sin conocerle y amarle, y regocijarnos en su comunión.
  • El verdadero conocimiento de Cristo no es teórico, sino práctico, comprobando lo que agrada al Señor (Ef. 5:10).
 
La naturaleza del conocimiento de Jesucristo
  • Exigente, se debe apreciar su valor (Fil. 3:7).
  • Excelente, vale más que todo (Fil. 3:8).
  • Excluyente, es por la fe (evangelio) de Cristo (Fil. 3:9).
  • Inteligente, no es fe ciega (cf. Mar. 12:30; Heb. 11:1).
  • Afectivo, es por amor (cf. 1 Cor. 16:22; 1 Ped. 1:8).
  • Personal, una experiencia propia (Fil. 3:10).
  • Obediente, una experiencia de obediencia (1 Jn. 2:4-6; cf. Jn. 14:15).
  • Satisfactorio, llena el alma (cf. Jn. 6:35).
  • Estimulante, impulsa a conocerle más y más (Fil. 3:10; cf. 2 Ped. 1:5-8; 3:18).
 
La amistad superficial
  • Imaginen al joven que dice: “Yo conozco a ese muchacho”. Pero, solamente sabe su nombre, cómo se viste, y en qué salón estudia.
  • Por el contrario, el verdadero amigo conoce sus luchas, sus sueños, sus temores, y su carácter.
  • Existe una gran diferencia entre conocer acerca de alguien, y conocerle verdaderamente.
 
Conclusión
  • ¿Ha llegado a conocer a Cristo Jesús, mi Señor?
  • ¿Se ha detenido en su conocimiento de él?
  • Si nos dedicamos a conocerle, tenemos la esperanza de verle cara a cara (1 Jn. 1:3; 3:2).