Por Josué I. Hernández
- El Nuevo Testamento nos informa
que los primeros cristianos aprendieron a observar al Señor Jesucristo como la
máxima autoridad, y su palabra como la guía absoluta (Hech. 2:36; Mat.
28:18).
- Entendieron que la autoridad de Cristo está investida en sus palabras (cf. Mat. 28:18-20; Jn. 12:48; Heb. 1:1,2).
- Entendieron que la palabra de Cristo nos ha sido dada por medio de sus apóstoles (1 Cor. 14:37; 1 Tes. 4:2; 2 Ped. 3:2).
- Entendieron que la palabra de Cristo, tal como ha sido enseñada por los apóstoles y profetas, es el estándar para todas las iglesias (cf. 1 Cor. 4:17; 14:37).
- Así fueron enseñados los primeros cristianos (2 Tim. 3:16,17).
- Los libros del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento fueron considerados palabra de Dios (cf. 1 Tim. 5:18; 2 Ped. 3:16).
- No debían pensar más allá de lo escrito (1 Cor. 4:6).
- Debían hablar conforme a las palabras de Dios (1 Ped. 4:11).
- Debían tener autorización bíblica para lo que creyeran, predicaran y practicaran (Col. 3:17).
- Así fueron enseñados los primeros cristianos (cf. Gal. 3:22-27; Ef. 4:5).
- Esta fe es la revelación completa y definitiva de Dios para el hombre (Ef. 3:4,5; cf. 1 Cor. 2:10; Jud. 1:3).
- El término “fe”, cuando es usado con referencia a la “palabra de Dios”, es equivalente al “evangelio” (Gal. 1:6-9,23; Rom. 1:16).
- “Toda doctrina, o punto de fe, originada posteriormente al tiempo de los apóstoles, no es de esta fe por la cual debemos contender, y por lo tanto es falsa. ¡No hay revelaciones modernas de fe! No hay profetas de hoy en día. No hay nada nuevo que revelar. Se prohíben adiciones y sustracciones” (B. H. Reeves).
- La iglesia experimentó el progreso en la revelación (1 Cor. 13:9-12).
- Primera etapa, revelación oral (ej. Hech. 2:14,22,37,40,41).
- Segunda etapa, revelación oral y escrita (ej. Col. 4:16; 2 Tes. 2:15).
- Tercera etapa, revelación escrita (2 Tim. 3:16; Ef. 3:4; 5:17).
- La autorización de Cristo es imprescindible para todo lo que creemos, hablamos y hacemos. Si Cristo no lo autoriza no lo debemos creer, ni hablar, ni hacer.
- Cuando alguno se aleja de la doctrina apostólica se aleja de la salvación en Cristo (Heb. 2:1-4; cf. 1 Jn. 1:1-4; 4:1,6; 2 Jn. 9-11).
