“No puedo”



Por Josué I. Hernández
 

Introducción
  • Cuando Dios manda algo, el verdadero problema no es la falta de capacidad, sino la falta de disposición para confiar y obedecer.
  • Dios no busca a personas suficientes; busca personas disponibles.
 
La orden del padre
  • Imaginen que un padre le dice a su hijo: “Necesito que me ayudes a cargar esta caja”, pero el hijo responde inmediatamente: “No puedo”.
  • Pero, el padre observa que su hijo ni siquiera intentó levantar la caja.
  • ¿Qué sentiría ese padre? ¿Creería realmente que su hijo era incapaz, o entendería que simplemente no quiso obedecer?
  • Podríamos hacer lo mismo con Dios, cuando recibimos una sencilla orden y decimos: “No puedo”.
  • Ejemplos: “No puedo orar sin cesar”. “No puedo respetar a mi marido”. “No puedo amar a mi esposa”. “No puedo congregarme fielmente”.  “No puedo ayudar a mi mamá”. “No puedo abandonar este vicio”.
 
El “no puedo” suele esconder un “no quiero”
  • La incapacidad de Moisés era una excusa, pero en realidad no quería obedecer (Ex. 3:11,13; 4:1,10,13,14).
  • ILUSTRACIÓN: El joven que dice no tener tiempo para leer la Biblia y orar, pero pasa tres horas diarias revisando su teléfono. ¿Incapacidad? No, es falta de interés.
  • PRINCIPIO: Cuando hay algo que queremos hacer, normalmente encontramos la manera de hacerlo. Lo que valoramos encuentra espacio en nuestra mente y agenda.
 
El “no puedo” suele esconder un “no creo”
  • Cuando llegaba el momento de entrar a la tierra prometida, Dios no les preguntó si podrían, la cuestión era “¿podrá Dios?” (Num. 13:31-14:1; Heb. 3:19; 4:2; 11:1,6).
  • ILUSTRACIÓN: Un elefante que de pequeño fue sujetado con una cadena fuerte y, ya adulto, permanece atado a una cuerda delgada porque aprendió que no podía escapar.
  • PRINCIPIO: Podríamos vivir por debajo del propósito divino, no por falta de poder en Dios, sino por una mentalidad derrotada.
 
Los obedientes dejan que Dios tenga la última palabra
  • Dios respondió a Sara: “¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (Gen. 18:14).
  • Dios respondió a Moisés: “yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar” (Ex. 4:11).
  • Dios respondió a Gedeón: “Ciertamente yo estaré contigo” (Jue. 6:16).
  • Dios respondió a Isaías: “He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado” (Is. 6:7).
  • Dios respondió a Jeremías: “a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande” (Jer. 1:7).
  • Dios respondió a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Luc. 1:35).
  • Dios dijo a Ananías: “Ve, porque instrumento escogido me es éste” (Hech. 9:15).
  • Dios respondió a Pablo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Cor. 12:9).
 
Para pensar:
  • ¿Cuántas bendiciones se habrán perdido simplemente porque alguien dijo “No puedo”?
  • ¿Cuántos hijos nunca escucharon un consejo?
  • ¿Cuántos vecinos nunca oyeron el evangelio?
  • ¿Cuántos matrimonios nunca fueron restaurados?
  • ¿Cuántos sermones nunca fueron predicados?
 
Conclusión
  • Cuando Dios llamó, buenos hombres encontraron razones para decir “No puedo”. Pero, cuando obedecieron descubrieron que Dios ya había preparado lo que hacía falta. La provisión de Dios se hizo evidente cuando dieron el paso de obediencia.
  • Quizá usted siga diciendo: “No puedo”. Entonces escuche la respuesta que Dios ha dado durante toda la historia: “Ve, porque yo estaré contigo”.
  • La pregunta ya no es si usted puede. La pregunta es si está dispuesto a creerle a Dios lo suficiente como para dar el primer paso.