Andar como es digno del Señor



Por Josué I. Hernández
 

Introducción
  • Podemos estar tan enfocados en aprender y enseñar, que se nos olvide obedecer.
  • El plan de Dios no solo involucra que sepamos, sino que hagamos (cf. 2 Tim. 3:16,17).
 
El contexto
  • Salutación (1:1,2).
  • Acción de gracias (1:3-8).
  • Oración por crecimiento espiritual (1:9-14).
 
Conocer el mapa sin viajar
  • Un mapa no sirve de nada si nunca emprendemos el viaje. ¿De qué sirve reconocer el propósito del viaje, por qué debería realizarse, y saber cuál es la ruta, si nunca viajamos?
  • El conocimiento bíblico es el mapa.
  • El andar es el viaje.
  • La fortaleza es el combustible.
  • Muchos tienen el mapa correcto, pero nunca emprenden el viaje. Pablo quiere que conozcamos el camino, que caminemos por él y que tengamos la fortaleza necesaria para llegar al destino.
 
Las tres peticiones de Pablo
  • Conocimiento de la voluntad de Dios (Col. 1:9).
  • Andar como el digno del Señor (1:10).
  • Fortaleza espiritual (1:11,12).
 
El puente entre el conocimiento y el andar
  • Una mentalidad espiritual (Col. 1:9; cf. 1 Cor. 2:14; Sant. 1:5; Deut. 4:6).
  • SABIDURÍA (gr. “sofia”): Es la percepción de la voluntad de Dios, el panorama y los principios. No es mero conocimiento intelectual, sino una percepción profunda de la realidad tal como Dios la ve, la habilidad para juzgar correctamente.   
  • INTELIGENCIA (gr. “sunesis”): La aplicación práctica de la sabiduría; la facultad crítica de analizar, discernir y unir los hechos, para tomar decisiones correctas.
 
El paciente instruido
  • El médico le dice al paciente: Debe bajar de peso, debe caminar más, y debe comer mejor.
  • Entonces, el paciente ya sabe qué hacer y comprende plenamente por qué debería hacerlo. Su problema ya no es falta de información, ni de comprensión. Su desafío es llevar el conocimiento a la práctica diariamente.
 
El tipo de andar
  • Agradándole en todo (cf. 2 Cor. 5:9; 1 Tes. 4:1).
  • Llevando fruto en toda buena obra (cf. Mat. 13:23; Mar. 4:20; Luc. 8:15; Jn. 15:1-8).
  • Creciendo en el conocimiento de Dios, “un conocimiento total, discernimiento, reconocimiento” (Vine; cf. Fil. 1:9; Ef. 1:17; Flm. 1:6).
 
El árbol y sus frutos
  • Un árbol no se esfuerza por pegar frutos en sus ramas. Produce fruto porque está vivo y sano.
  • De igual manera, las buenas obras no son adornos artificiales; son la consecuencia de una vida conectada con Dios.
 
Conclusión
  • Dios no nos dio su voluntad para admirarla, sino para vivirla.
  • El conocimiento bíblico encuentra su propósito cuando se convierte en obediencia.
  • La meta del conocimiento bíblico no es llenar nuestra mente de información, sino llenar nuestra vida de obediencia.
  • Cuando conocemos la voluntad de Dios, caminamos conforme a ella y perseveramos en ella, entonces verdaderamente andamos como es digno del Señor.