Por Josué I. Hernández
Mateo 17:1-9
- Hay experiencias que marcan a una persona durante toda su vida. Pedro, Jacobo y Juan tuvieron una de esas experiencias cuando Jesús se transfiguró ante sus ojos. Habían caminado con el Señor, y habían visto sus milagros, pero allí contemplaron algo que nunca habían visto antes: su majestad.
- Años después, Pedro todavía recordaba aquel momento: “Habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad” (2 Ped. 1:16).
- El verbo “transfiguró” describe un cambio en la apariencia visible. No significa que Jesús se convirtiera en alguien diferente. La transfiguración permitió que los discípulos contemplaran externamente su “majestad” (grandeza, magnificencia, esplendor).
- ILUSTRACIÓN: Cuando se abren las cortinas e ingresa el sol a la habitación oscura. El sol ya brillaba, pero su luz no ilumina hasta que se corren las cortinas.
- El Señor Jesús fue con Pedro, Jacobo y Juan a un monte alto (17:1)
- “Y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su
rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz” (Mat. 17:2).
- Lucas agrega: “Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente” (Luc. 9:29).
- Marcos agrega: “Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos” (Mar. 9:3).
- Aparecieron Moisés y Elías hablando con Jesús (Mat. 17:3; cf. Luc. 9:31).
- Pedro propuso las tres “tiendas” (Mat. 17:4, NC, LBLA).
- Mientras Pedro hablaba, “una nube de luz los cubrió” (Mat. 17:5).
- Esta nube recuerda las manifestaciones de la presencia de Dios en el Antiguo Testamento (ej. Ex. 24:15-18).
- Entonces, el Padre identificó a Jesús, y mandó que nuestra atención se dirija a él: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mat. 17:5; cf. Heb. 1:1,2).
- Los discípulos cayeron a tierra por el temor, y Jesús los tocó animándolos para que no temieran (Mat. 17:6,7).
- “Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús
solo” (Mat. 17:8).
- Elías había desaparecido, Moisés había desaparecido. Pero Jesús permanece.
- ILUSTRACIÓN: En un tribunal pueden estar presentes abogados, testigos y personas de prestigio. Pero cuando el juez habla, todos escuchan. ¿Por qué? Porque la cuestión no es quién está presente, sino quién tiene autoridad para hablar.
- “Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó,
diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de
los muertos” (Mat.
17:9).
- La gloria contemplada en el monte debía ser entendida a la luz de la muerte y resurrección que Jesús estaba anunciando (cf. Mat. 16:21; 17:22,23; 20:17-19).
- Los discípulos recibieron tres impresiones inolvidables: 1) Contemplaron su gloria. 2) Oyeron la voz del Padre: “A él oíd”. 3) Recibieron una instrucción que los llevó a mirar hacia su resurrección.
- Cuando ellos levantaron los ojos: “A nadie vieron sino a Jesús solo”.
- Esa es la enseñanza que debemos llevar con nosotros. Después de contemplar su gloria, escuchar su autoridad y recordar su resurrección, que nuestra mirada también quede puesta solamente en Jesucristo.
