Cristo, nuestra pascua



Por Josué I. Hernández
 

Introducción
  • Durante la noche de la primera pascua, dos casas podían estar construidas exactamente con los mismos materiales, habitadas por un mismo número de personas y situadas en la misma tierra, Egipto. Sin embargo, cuando llegó el juicio, una casa fue preservada y la otra no. ¿Qué marcó la diferencia? No era la calidad de la casa, ni la bondad de sus habitantes. Era la sangre.
  • Siglos después, en otra pascua, otro Cordero sería sacrificado. Y esta vez no se trataría de un animal. Pablo dice: “nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Cor. 5:7).
  • ¿Qué significa para nosotros que Cristo sea nuestra pascua?
 
Cristo es el cordero que fue sacrificado por nosotros
  • En la pascua, un cordero fue sacrificado y su sangre debía marcar la casa donde era consumido (Ex. 12:1-14; cf. Heb. 11:28).
  • El cordero pascual era figura del “cordero de Dios” (Jn. 1:29; cf. Apoc. 5:9).
  • Cristo no murió accidentalmente, murió en el contexto de la pascua. Mientras Israel sacrificaba sus corderos, el verdadero cordero estaba siendo ofrecido (Jn. 3:14-17; 11:49-51).
  • Cristo es la ofrenda que Dios proveyó para nuestra salvación (cf. Heb. 2:10; 9:26; 10:5,10).
  • ILUSTRACIÓN: El padre que muere ahogado por salvar a su hijo que era llevado por la corriente. Ese niño creció sabiendo: “Yo vivo porque otro murió por mí”. Y esa verdad lo cambia todo: Cómo vive, cómo decide, cómo actúa, cómo valora la vida, etc.
  • Así fue con Jesucristo. No sólo murió. Murió para que nosotros viviéramos, tomando un lugar que no le correspondía (cf. Is. 53:5; Gal. 1:4).
 
La sangre del cordero marca la diferencia
  • Habría mortandad en toda casa que no estuviese marcada con sangre de cordero (Ex. 12:7,22).
  • Dios determinó que la salvación sería otorgada a los obedientes que permanecieran dentro, en el lugar designado (Ex. 12:13,23).
  • No era suficiente que existiera un cordero, o que fuese admirado, su sangre debía ser derramada y aplicada.
  • ILUSTRACIÓN: El paciente que sabe cuál es la medicina y la forma de tomarla, pero que no la toma.
  • Así es también con Jesucristo. Su sangre ha sido derramada (cf. Mat. 26:28) pero debe ser aplicada (cf. Apoc. 1:5; Hech. 22:16; 1 Jn. 1:9; 2:2).
 
Quien celebra la pascua debe expulsar la levadura
  • El apóstol Pablo escribió: “Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Cor. 5:8).
  • Debemos celebrar la fiesta, porque la vida cristiana lo es, pero debemos celebrarla sin levadura (1 Cor. 5:6,7,11).
  • ILUSTRACIÓN: Si una persona acaba de limpiar y ordenar su casa, y después encuentra una bolsa de basura y decide esconderla debajo de su cama, aunque la casa parezca limpia la basura sigue en ella (cf. Rom. 6:1,2; 1 Cor. 15:33; 2 Cor. 6:14-18; 7:1).
 
Conclusión
  • En Egipto, aquella noche, el mensaje era sencillo, la sangre del cordero debía ser derramada y aplicada, y la familia debía permanecer dentro.
  • “nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Cor. 5:7), y debemos celebrar la fiesta sin levadura (1 Cor. 5:8).
  • Si quiere entrar a la casa de la salvación, sellada con la sangre del cordero, hoy es día de salvación.