Por Josué I. Hernández
- Hay personas que comienzan con entusiasmo, pero abandonan. Comienzan proyectos que nunca terminan, adquieren compromisos que después dejan de lado, y hacen promesas que finalmente no cumplen.
- La Biblia nos presenta a Moisés como un hombre que tuvo una vida extraordinaria. Fue llamado por Dios, enfrentó a Faraón, condujo a Israel, recibió la ley, levantó el tabernáculo y soportó por décadas el cargo de guiar a toda una nación. Pero hay algo particularmente hermoso en el testimonio bíblico acerca de él: Moisés termino la obra que había comenzado.
- No solo recibió instrucciones, las llevó a cabo (Ex. 40:16,33).
- Respecto a la obra del tabernáculo, una y otra vez se reitera: “como Jehová había mandado a Moisés” (Ex. 40:19,21,23,25,27,29,32).
- No modificó el diseño, ni sustituyó las instrucciones de Dios. Y, finalmente: “Así acabó Moisés la obra” (Ex. 40:33).
- ILUSTRACIÓN: Un constructor puede tener los planos perfectos, los materiales adecuados, las herramientas necesarias, y comenzar a levantar algunas paredes, pero no terminar la construcción.
- Aplicaciones: Hay gran diferencia entre querer hacer la obra y hacerla (Luc. 6:46). ¿Hay algo que Dios me ha encomendado y que todavía no estoy haciendo?
- Moisés no solo debía hacer una obra, debía dejar por escrito la revelación que Dios le había dado (Deut. 31:24-26).
- Moisés no dejó la tarea a medias, sino que terminó de poner por escrito las palabras que Dios le había encomendado: “hasta su conclusión” (Deut. 31:24, LBLA).
- Moisés estaba a punto de morir, pero la palabra de Dios permanecería para las siguientes generaciones (Deut. 31:26).
- ILUSTRACIÓN: Un hombre puede construir una casa y disfrutarla mientras vive. Pero otro puede plantar un árbol cuya sombra nunca llegará a disfrutar. El segundo está pensando más allá de su propia vida. Moisés estaba haciendo precisamente eso: dejando la palabra de Dios en manos de una generación que continuaría después de él.
- Aplicaciones: Hay gran diferencia entre dejar una herencia terrenal y dejar una herencia espiritual.
- “Y acabó Moisés de recitar todas estas palabras
a todo Israel”
(Deut. 32:45).
- ¿De qué les habló Moisés? No les habló de sí mismo, los dirigió a la palabra de Dios.
- Moisés entendía que la palabra de Dios es vida (Deut. 32:46,47).
- Cuando ya no podamos trabajar, ¿qué quedará de nuestras palabras? ¿Quedarán nuestras opiniones? ¿Quedarán nuestros pensamientos? ¿Quedará la enseñanza fiel de la palabra de Dios?
- Aplicaciones: La verdadera predicación no dirige la atención al predicador, él no es la autoridad final. El mejor legado de un maestro de Biblia no es que la gente recuerde sus frases, sino que recuerde la palabra de Dios.
- Moisés terminó la obra, terminó de escribir y terminó de hablar. Finalmente, terminó su vida terrenal (Deut. 34:1-8).
- Al morir, una cosa es confirmada: “Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová” (Deut. 34:5).
- A pesar de sus tropiezos, fue un siervo confiable que cumplió la responsabilidad que Dios le había entregado (cf. Ex. 4; Num. 20).
- Su fidelidad fue probada durante muchos años, y fue fiel en toda la casa de Dios (Heb. 3:5).
- Aplicación: No todos son fieles para terminar lo que comenzaron, pero nosotros podemos ser fieles mientras peregrinamos por este mundo (cf. 2 Tim. 4:7). Podemos correr con paciencia la carrera (Heb. 12:1). Podemos ser fieles hasta la muerte (Apoc. 2:10).
- Moisés no solamente comenzó bien, terminó bien. Terminó la obra, terminó de escribir, terminó de hablar y terminó su vida como un siervo fiel.
- No sabemos cuánto tiempo nos queda, pero sí sabemos lo que Dios espera de nosotros: que seamos fieles hasta el final.
