No consientas



Por Josué I. Hernández
 

Proverbios 1:10-19
 

Introducción
  • Desde muy jóvenes solemos buscar tres cosas: Pertenecer a un grupo, tener propósito o identidad, y alcanzar una vida realizada.
  • No hay nada malo en estos deseos, Dios nos creó con estas necesidades. El problema aparece cuando alguien nos ofrece satisfacerlas por el camino equivocado.
  • Imaginen a un joven que oye la siguiente invitación: “Nunca volverás a sentirte solo, y tendrás amigos que darán su vida por ti. Ganarás dinero rápidamente. Todos te respetarán. Tendrás la ropa que deseas, el teléfono que quieres, y nadie volverá a burlarse de ti”.
  • Esta no es una invitación nueva. Hace casi tres mil años, Salomón describió el mismo discurso. El problema no ha cambiado, solo ha cambiado el escenario.
  • Hoy puede ser una organización criminal, una pandilla, la venta de drogas, las estafas por internet, o cualquier otro camino que promete mucho y termina destruyendo la vida.
  • Dios continúa diciendo: “Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Prov. 1:10).
 
Una invitación atractiva
  • El pecado no dice: “Ven a destruir tu vida”, sino “Ven con nosotros” (Prov. 1:10-14).
  • Ofrece “pertenencia”. Satanás sabe que el ser humano necesita sentirse aceptado.
  • La mala asociación ocurre por el sentido de pertenencia, y la necesidad de aceptación.
  • El enemigo conoce la necesidad de una familia, protección, honor, e identidad (Prov. 1:8,9).
  • Aplicación: La iglesia del Señor debe ser precisamente lo contrario. No solamente diremos: “No vayas con ellos”, también debemos decir: “Aquí tienes una familia donde eres amado por Dios y por tus hermanos” (cf. 1 Tim. 3:15).
  • ILUSTRACIÓN: Una fogata ofrece calor en una noche fría, pero consumirá a los que se aceran demasiado para abrazar el fuego. Así ocurre con el pecado, consume a los que se acercan a sus promesas (cf. 1 Cor. 15:33).
 
Una promesa de ganancias rápidas
  • “Hallaremos riquezas…” (Prov. 1:13,14).
  • El camino fácil siempre vende la misma ilusión: “Ganarás mucho”, “Sin estudiar”, “Sin trabajar”, “Sin esperar”.
  • La Biblia no condena el trabajo, el progreso, la prosperidad. Lo que condena es la codicia (cf. Prov. 1:19; 1 Tim. 6:10).
  • Proverbios repite una y otra vez que la prosperidad legítima nace de la diligencia, la paciencia, la honestidad y la sabiduría.
  • El problema no es querer progresar. El problema es querer llegar antes del tiempo establecido por Dios.
  • El afán por el dinero fácil nace de la comparación, la envidia, el materialismo, la impaciencia, y las redes sociales agravan el problema. Los jóvenes ven automóviles, viajes, ropa costosa, y una vida aparentemente “perfecta”.
  • ILUSTRACIÓN: Las frutas artificiales parecen perfectas. Nunca tienen manchas y siempre lucen brillantes, pero nadie puede alimentarse de ellas. Así son las promesas del pecado, lucen mejor que la realidad, pero están vacías (cf. Heb. 3:13).
 
Un camino hacia la muerte
  • “quita la vida de sus poseedores” (Prov. 1:15-19).
  • Los pecadores creen estar preparando una emboscada para otros, pero están cavando su propia tumba (cf. Prov. 1:32).
  • El pecado siempre alcanza al pecador (cf. Num. 32:23; Gal. 6:7).
  • El dinero obtenido ilegalmente nunca resulta barato. Puede costar la libertad, la tranquilidad, la conciencia, la familia, la reputación, la vida, y lo más grave, el alma.
  • ILUSTRACIÓN: Un anzuelo nunca se presenta como un anzuelo, se presenta disfrazado con una carnada. El pez ve la comida, no ve el metal. Cuando ha mordido el anzuelo es demasiado tarde. Así funciona toda tentación (cf. Sant. 1:14,15).
 
Una batalla antes del primer paso
  • “Hijo mío, no andes en camino con ellos. Aparta tu pie de sus veredas” (Prov. 1:15).
  • No dice: “Cuando ya estés metido, trata de salir”.
  • Nadie llega a ser un delincuente en un solo día. Todo comienza con pequeñas decisiones erróneas: Una amistad, una conversación, una invitación, una concesión, y después otra, y otra.
  • La caída empieza mucho antes del primer gran paso.
  • ILUSTRACIÓN: Es mucho más fácil evitar caer en un pozo que intentar salir de él. La prevención siempre cuesta menos que la restauración.
 
Dios ofrece algo infinitamente mejor
  • La Biblia no solamente dice “No”.
  • También nos dirige a un camino más excelente.
  • El Señor Jesucristo ofrece precisamente aquello que el pecado falsifica.

El pecado ofrece

Cristo ofrece

Una falsa familia

La familia de Dios

Identidad basada en un grupo

Identidad como hijo de Dios

Dinero rápido

Un propósito eterno

Poder mediante el miedo

Autoridad mediante el servicio

Placer temporal

Gozo verdadero

Libertad aparente

Libertad auténtica


  • Las necesidades del corazón son reales.
  • Lo que cambia es el camino para satisfacerlas.
  • Satanás siempre ofrece medios ilegítimos para alcanzar deseos legítimos.
  • El Señor Jesucristo ofrece satisfacer esas mismas necesidades por el camino de Dios. Él nunca promete una vida sin dificultades. Pero sí promete una vida llena de sentido, paz, esperanza y una herencia eterna.
 
Aplicación para los jóvenes
  • No aceptes una invitación solo porque todos tus amigos la aceptaron.
  • Pregúntate: ¿A dónde conduce este camino?
 
Aplicación para los padres
  • La disciplina es indispensable, pero también lo son el afecto, el tiempo, la conversación, el ejemplo.
  • Muchos jóvenes buscan fuera del hogar el sentido de identidad y pertenencia que nunca encontraron dentro de él.
 
Aplicación para la iglesia
  • La iglesia local debe ser una familia donde cualquier joven encuentre amor, dirección, amistades sanas, oportunidades para servir, y un propósito mayor que cualquier promesa del mundo.
  • La iglesia no solo trabaja para rescatar a los que han caído. Debe ser un lugar donde se experimenta el todo de Jesucristo.
 
Conclusión
  • La primera mentira del pecado no es que hace felices a las personas, sino hacerles creer que el camino fácil y próspero realmente existe.
  • El camino del pecado cobra, y cobra caro cuando ya es demasiado tarde.
  • El camino del Señor exige renuncia, disciplina, perseverancia, pero conduce a la vida. Por eso, el consejo continúa: “Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Prov. 1:10).